9 de septiembre de 2016 00:00

Las tradiciones de Esmeraldas  se vivieron en una regata

Los participantes de la regata salen de la población de San Mateo. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

Los participantes de la regata salen de la población de San Mateo. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Sobre una balsa de ocho boyas, 10 navegantes preparan tapa’o de pescado, encoca’o de raya y verde asado. En la cubierta del pequeño navío hay dos fogones en los que arde el carbón.

El tapa’o es parte de la tradicional gastronomía esmeraldeña. Por eso es representada por los participantes de la XI regata fluvial, que se realiza por el río Esmeraldas.

Los participantes parten desde la población de San Mateo y hacen dos paradas antes de llegar a la última, en la población de Tachina, a orillas del citado afluente.

Esta celebración recoge componentes ancestrales como la preparación gastronómica típica de Esmeraldas, usando el carbón y la leña como combustibles para preparar todos los encoca’os.
Esta práctica de cocinar sobre la balsa la hacía el pueblo afroesmeraldeño desde los años 40. Bajaban por el río Esmeraldas con caucho, cacao, tagua, plátano, banano guadúa y madera, desde poblaciones que están en el río Esmeraldas, Blanco y Quinindé.

Esa producción era llevada hasta el único puerto fluvial que tenía la ciudad de Esmeraldas llamado La Barraca, un sitio de alto comercio en el que se concentraba el pueblo afro, que acudía a estibar tagua, madera y caucho.

Por ese motivo, la regata fluvial recoge esa vieja forma de transportación ancestral, por el río, usando canaletes y palancas para impulsarse. Como en la antigüedad, las balsas son ataviadas con material del medio, como hojas de palma de coco, con las que techan las casetas sobre la barcaza.

Su estructura está construida con ramas de árboles como el chíparo, que crece en la ribera de los ríos. Esto se observa actualmente en comunidades a orillas del río Cayapas, en el norte de la provincia de Esmeraldas.

Con la regata se refleja cómo los navegantes afroesmeraldeño preparaban sus alimentos durante el viaje por el río, en el que pescaban sabaletas y preparaban la carne de monte, que era curtida en sal.

Durante el trayecto, los participantes de la regata llevan a bordo bombos, cununos y maracas, con los que cantan melodías como los arrullos dedicados a sus santos, como lo establece la tradición de su pueblo.

La primera parada de la prueba permite a los viajeros acoderar en la bahía de San Mateo, adonde arribaron los españoles el 21 de septiembre de 1526. En ese sitio presentan una danza tradicional esmeraldeña (marimba).

Los danzantes muestran su amor por su tierra y luego declaman una décima que habla del cuidado del manglar, en el que se pescan productos como el bagre, el camarón y se captura cangrejos.

Una segunda parada se hace en el sector La Propicia 2, una hora después de navegar por el río Esmeraldas. Ahí los participantes preparan sus muestras gastronómicas sobre las balsas. Y son calificados por un jurado, en el mismo lugar.

La última parada se hace en Tachina, frente al Refugio de Vida Silvestre. Ahí se ofrecen dulces ancestrales como el champús y la majaja, hechos con maíz de forma artesanal.

“La regata recoge toda la ancestralidad y realidades mitológicas de esa Esmeraldas negra, que permite rescatar elementos de nuestra cultura vernácula”, señala Julio Micolta, poeta esmeraldeño.

El coordinador de esta regata, Fernando Saldarriaga, dice que durante los 10 años que se ha realizado la competencia, esta se ha convertido en una atracción turística que ha permitido a los pobladores de Esmeraldas mostrar su cultura a otras personas.

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