19 de junio de 2018 00:00

Dos rutas turísticas en Pichincha y Orellana refuerzan conexiones

Por los alrededores de Nuevo Rocafuerte cruzan ríos de aguas tan cristalinas que se convierten en espejos. Fotos: Cortesía Manuel Pallares y Archivo / El Comercio

Por los alrededores de Nuevo Rocafuerte cruzan ríos de aguas tan cristalinas que se convierten en espejos. Fotos: Cortesía Manuel Pallares y Archivo / El Comercio

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Ana María Carvajal
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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Atraer al turismo extranjero desde la cultura y la belleza natural del Ecuador es el objetivo de dos rutas turísticas en Pichincha y Orellana. Estas buscan fortalecer las conexiones con Perú.

En Pichincha está la ruta Manuela la Libertadora, que se creó desde que el Consejo Provincial de Pichincha firmó un convenio con la Alcaldía de Palta (Perú) y recorre las provincias que visitó Manuela Sáenz desde su exilio. Empieza en Quito y pasa por Cotopaxi, Tungurahua, Bolívar, Babahoyo, Guayaquil y Machala. Llega a Perú por Chacras, hacia Zorritos, Máncora, Tumbes, Cataos y finalmente a Paita.

Según la viceprefecta Marcela Costales, la ruta que ya tiene alrededor de seis años está ampliándose. La semana pasada hubo una reunión para incrementar la ruta hasta Chiclayo en primera instancia y luego bajar hasta Cajamarca. En Chiclayo resalta la inclusión del museo del Señor del Sipán, de la cultura Lambayeque.

En el caso de la Ciudad Mitad del Mundo, en Ecuador, se ha registrado un incremento de un 3% turístico proveniente de Perú a través de esta ruta que sigue los pasos de la Libertadora del Libertador.

La segunda ruta comprende a Nuevo Rocafuerte (Orellana). Apreciar la majestuosidad de Lagartococha y conocer las tradiciones de los Secoyas es la recompensa de un viaje, que en lancha toma ocho horas desde el Coca. Sin embargo, este es un viaje que no todos están dispuestos a hacer, por lo cansado de la ruta.

Por ello, la Fundación Raíz Ecuador y la Organización Indígena Secoyas del Ecuador hicieron una propuesta a fines del año pasado a la Presidencia de la República.

Manuel Pallares, vocero de la fundación, plantea la construcción de un aeropuerto en Nuevo Rocafuerte, que permita aumentar el flujo turístico en la frontera sur, aprovechando “las joyas de la corona” turística de Sudamérica: Galápagos, El Cusco y la Amazonía.

Según Pallares, se trata de unir a la familia Secoya que está separada por la frontera entre Ecuador y Perú. Al contar con un aeropuerto, la gente que llega al sur del continente podría volar directo de Quito a Nueva Rocafuerte y hacer turismo en la zona, lo cual aportaría a los grupos Secoya que ofrecen varias experiencias.

En la zona hay otros asentamientos: kichwas, cofanes y waoranis. Tiene potencial turístico, tradiciones y observación de nutrias y delfines rosados en Lagartocoha o el río Aguarico.

El potencial de Nuevo Rocafuerte, del lado ecuatoriano y Pantoja, del lado peruano, está desaprovechado. Existen opciones como hoteles tipo ‘lodges’ (hotel pequeño y cómodo en un entorno natural) y turismo comunitario.

El aeropuerto, según Pallares, ahorraría tiempo a quienes viajan al Yasuní ITT, por el río Napo. En lugar de ir seis horas vía fluvial desde el Coca podrían llegar en avión a Nuevo Rocafuerte y subir por el Napo en alrededor de dos horas a sus sitios de trabajo.

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