11 de diciembre de 2016 00:00

71 familias indígenas preservan La Carbonería

El bosque de La Carbonería está ubicado a 18 kilómetros al oeste de la ciudad de Cañar y a 2 800 metros sobre el nivel del mar.

El bosque de La Carbonería está ubicado a 18 kilómetros al oeste de la ciudad de Cañar y a 2 800 metros sobre el nivel del mar. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido intercultural)

Para los habitantes de la comunidad indígena de Shayacrumi, en la provincia de Cañar, el bosque de La Carbonería tiene un enorme valor. Ellos aprendieron que esta zona acumula agua, filtra el aire y es el hábitat de la fauna y flora.

Un total de 71 familias, que pertenecen a la Cooperativa 24 de Junio de Shayacrumi, cuidan este bosque primario de cuatro hectáreas. Allí hay árboles centenarios de romerillo, guabisay, arrayán y porotillo y existe una infinidad de orquídeas, bromelias, musgos, helechos y güicundos.

Las ramas de los árboles nativos forman una suerte de techo que vuelven el ambiente sombrío y misterioso. La Carbonería está ubicada a 18 kilómetros al oeste de la ciudad de Cañar. Se ingresa a la zona por un camino de tierra.

A Mariano Chuma, dirigente de la comunidad, sus abuelos le contaron que en la época de la Colonia, los cañaris producían carbón por orden de los españoles. “En ese entonces era una inmensa reserva convertida en un centro de producción y por eso adoptó el nombre de La Carbonería”.

Los indígenas talaban y quemaban los árboles y el producto se comercializaba en Cuenca y Guayaquil, principalmente. “Por eso, este lugar tiene un importante valor histórico y, en la actualidad, lo cuidamos para las presentes y futuras generaciones”, señala Francisco Zaruma Pinguil, un habitante.

Según él, este bosque ha sido importante en la vida cotidiana de las familias del sector. Una de las razones es que por este territorio atravesaba un camino de herradura que conectaba las comunidades de Gualleturo, Ger y San Antonio de Paguancay con el castillo de Ingapirca. Los habitantes se dirigían a este último lugar para practicar el trueque.

Antonio Zaruma Delgado, uno de los comuneros, cuenta que el bosque era un paso obligado de las mulas que avanzaban con los costales de papa, camote y quesillo que se producían en la parte alta para intercambiar con la naranja, miel de caña, de la zona baja.

De la producción del carbón quedaron intocables las cuatro hectáreas que protegen los comuneros desde hace más de 15 años. Está prohibido cortar los árboles, realizar fogatas que puedan desencadenar en incendios forestales o cazar animales. Para controlar la zona realizan visitas periódicas.

Al interior del bosque -que casi siempre pasa nublado y la humedad es alta- hay piedras con formas singulares que los indígenas asocian con rostros de humanos y animales que veneraban sus ancestros.

Hay una amplia choza donde se puede acampar. También, senderos definidos, vertientes y sitios donde las ramas de los árboles han formado una especie de redes, por lo que se tiene que caminar agachado. Durante el día se escucha el sonido de las aves andinas como las tórtolas, perdices y el pájaro carpintero.

No se han realizado estudios sobre la diversidad de especies, pero se identificaron animales como venados, lobos andinos, tigrillos, pumas y conejos, dice Remigio Ortiz, del departamento de Turismo del Municipio de Cañar, que promueve las visitas a este bosque.

Un espectáculo natural se registra en Shayacrumi, entre junio y septiembre. En esa época sobrevuelan parejas de cóndores por la zona, valles aledaños y cañones. “Es otro motivo importante para proteger esta reserva natural”, señala el indígena Mariano Chuma.

En la parte alta del bosque hay miradores donde, en días despejados, se divisan los cerros de Culebrillas, Carshao y Kuriloma y el vecino bosque de Zhulla. Además, los poblados de El Juncal, Suscal, Ducur, Gualleturo y Chuichún.

Para Chuma, todos estos atractivos hacen interesante a esta reserva, por eso sus habitantes lo aprovechan para desarrollar el turismo comunitario. Durante este año han llegado más de 2 000 turistas nacionales y extranjeros. Los indígenas están preparados como guías en los recorridos.

En la zona, los indígenas ofertan actividades como caminatas, ascenso a las montañas, camping, avistamiento de aves y comida típica bajo pedido. También, es posible pasar la noche en el interior del bosque porque existe una cabaña.

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