11 de marzo de 2016 00:00

El patrimonio sonoro de Azuay y Cañar perdura y se difunde

Crisanto Guamán y Lorenzo Pichazaca en el Inti Watana. Foto: Cortesía de la Regional 6  del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural

Crisanto Guamán y Lorenzo Pichazaca en el Inti Watana. Foto: Cortesía de la regional 6 del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural

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La contradanza cañari, los tonos de la bocina, los lalay (cánticos en honor a la madre tierra), el haway (ritual de cosechas), el violín... están registrados en el estudio de Patrimonio Sonoro, que realizó la regional 6 del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural.

En esta investigación, que cuenta con fotografías y audios, también se describen otras manifestaciones como el kuchunchi, que es un baile cañari que se realiza un matrimonio. Sus letras son consejos que los indígenas dan a la pareja para que tenga una vida matrimonial duradera.

Entre otros instrumentos está la kipa, que es un cacho que ofrecen distintas sonoridades dependiendo de la situación. Hay un sonido para alertar sobre un suceso o distinto para convocar a una minga.

Según la historiadora de la Regional 6 del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, Paola Moreno, en este trabajo se consideraron los cinco ámbitos que contempla la Unesco para las manifestaciones sonoras.

Es decir, se vinculó este patrimonio con las tradiciones y expresiones orales, las técnicas artesanales para la construcción de los instrumentos y las artes del espectáculo. También con los usos sociales, rituales y actos festivos y, finalmente, con los conocimientos de la naturaleza y el universo.

En este último aspecto por ejemplo esta manifestación del Hampi Taki, que consiste en los sonidos que realizan las mamas o curanderas como el “quisha, quisha, quisha…”, cuando se cura el espanto.

Según Moreno, es un trabajo que considera al patrimonio sonoro como un eje transversal de la cultura, del patrimonio y distintos grupos étnicos. La investigación está disponible en la web del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Los interesados pueden conocer las manifestaciones a través de los ámbitos que dicta la Unesco o por el territorio ya sea en parroquias o cantones.

Este estudio, dice Moreno, cierra el círculo porque en el 2013 se realizó el levantamiento del patrimonio sonoro de la cultura shuar en Morona Santiago. Al año siguiente se hizo el mismo trabajo en esa provincia con los achuar.

Para Moreno, si bien hay instrumentos como la kipa, que están en riesgo de desaparecer porque la tecnología celular llegó a las comunidades, “se puede afirmar que el patrimonio sonoro de ambas provincias está muy presente. Tenemos una riqueza invaluable, que se recrea constantemente y está viva”.

Intercultural


El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural
realizó una investigación en ambas provincias

Parroquias de Azuay fueron visitadas y los siete cantones de Cañar.

Dos técnicos y dos asistentes conformaron el equipo que recorrió esta región.

Ocho meses demoró la investigación de patrimonio sonoro en Azuay y Cañar.

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