15 de septiembre de 2015 00:00

La historia detrás de las colecciones patrimoniales

Pamela Cevallos, junto a la muestra ‘Espíritu de cálculo’, en El Pobre Diablo. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO

Pamela Cevallos, junto a la muestra ‘Espíritu de cálculo’, en El Pobre Diablo. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO

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Fernando Criollo
Redactor (I)

La muestra ‘Espíritu de cálculo’ nace de una investigación en los archivos de los museos del Banco Central en Quito y en Guayaquil. A partir de esa incursión, la artista visual y etnógrafa Pamela Cevallos se propuso indagar en la vida social de los objetos y los contextos que permiten que estos sean adquiridos, preservados y custodiados como parte del patrimonio cultural.

A través de la pintura, del dibujo y del collage la artista ecuatoriana construye esta muestra, instalada en El Container del Pobre Diablo, a través de la cual propone un debate
alrededor de los valores simbólicos y económicos de estos objetos y su relación con el público y la gestión museográfica.

La muestra está dividida en tres momentos y espacios. El recorrido se inicia con la réplica en óleo de una serie de documentos en los que se evidencia la gestión burocrática de los museos nacionales que surgieron a mediados del siglo XX.
Con la creación del museo, el valor mercantil de estos objetos adquiere también un valor histórico y cultural.

En una segunda sala se puede ver una recopilación de actas, facturas, pro formas, informes, inventarios y recibos con los que Cevallos se plantea reconstruir y devolverle el rostro a los actores –museos, coleccionistas, huaqueros– que ponían en circulación estos objetos.

A los archivos se integran imágenes trabajadas a partir de la enciclopedia ‘Salvat de Arte Ecuatoriano’, editada en los años 70. Un documento, dice Cevallos, donde se revela que los objetos pasan de tener un valor material a tener un sentido estético y cultural a partir del cual se empiezan a construir discursos de identidad.

A la artista también le inquieta saber qué pasa con las comunidades de donde provienen las colecciones. De allí nace un acercamiento con la comunidad de La Pila, en Manabí, en donde seis artesanos fueron comisionados para la fabricación de un conjunto de piezas.

Con un listado descriptivo de la primera colección que compró el Banco Central, los artesanos de La Pila realizaron su propia interpretación para recrear los objetos a partir de su conocimiento y su oficio.  La muestra de la tercera sala es el producto de esa interpretación, en la que el oficio del artesano y su relación con la historia y la cultura adquiere un nuevo sentido.

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