6 de febrero de 2018 00:00

El mestizaje, bajo mirada del pintor Olmedo Quimbita

Olmedo Quimbita ha trabajado su obra en distintas etapas, siguiendo sus impulsos creativos. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

Olmedo Quimbita ha trabajado su obra en distintas etapas, siguiendo sus impulsos creativos. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor
F-Contenido intercultural

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En su pintura, Olmedo Quimbita ha creado una fisonomía propia, una raza que bebe del mestizaje ecuatoriano y con ello ha encontrado también una impronta particular y un estilo reconocible.

También como una síntesis del Ecuador, el artista latacungueño, que desde hace más de 15 años reside entre Guayaquil y la playa de Olón (Santa Elena), ha sabido conciliar también en su obra los tonos grises y neutros, la luz fría de los Andes, con “la atmósfera de luz y los colores exuberantes del trópico”, dice.

Las facciones de los personajes de su obra partieron de una noción inicial de indigenismo, el cual forma parte de sus raíces, pero su obra no se circunscribe a esa etnicidad, expresa el artista.

“La idea tampoco era representar en exclusivo a una raza, sino destacar rasgos identitarios nuestros, que son también latinoamericanos. Mi obra siempre ha estado vinculada al lenguaje latinoamericano”, explicó el creador.


“Nací en la provincia de Cotopaxi y me ha tocado recorrer el mundo, lo que me dio una dimensión muy amplia para poder ver las cosas desde otro ángulo”, añade en una entrevista con este Diario.

Quimbita cumple 30 años de carrera artística y para celebrarlo prepara una exposición retrospectiva con más de 40 pinturas de gran formato y de diversas etapas.

Esta recorrerá Quito, Guayaquil y Cuenca. La primera de las tres muestras prevé inaugurar el próximo 16 de abril en la Sala de Eduardo Kingman de la sede de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, informó el pintor.

“Tengo unos 25 años que no expongo en Quito, por lo que también espero incluir obra reciente que he venido trabajando el último año”, expresa Quimbita.

La niñez, la mujer y la familia predominan en la más reciente etapa creativa del artista, donde incluye por primera vez niñas con rostros ovalados –las caras y cuerpos de sus personajes han transitado por la estilización o por rasgos cercanos a lo afroecuatoriano, a menudo marcados también por el geometrismo que marca la estructura de sus obras.


La naturaleza está ahora presente en las aves y perros que aparecen junto a los niños de sus nuevas obras, con las que el artista quiere eludir a la inocencia y a la ternura, y en la que aparecen también unas par­ticulares bicicletas.

En 30 años de carrera y con exposiciones en una treintena de países alrededor del mundo, Quimbita cuenta etapas de bailarinas, gallos y tauromaquia, desnudos que evocaban a la selva ecuatoriana o desbordaban el erotismo y voluptuosidad de las mujeres de la Costa.

El artista también afina la edición de un libro con una mirada retrospectiva de su carrera a lo largo de estos años.
Olón, comuna de Santa Elena, donde regenta el Hotel Galería Quimbita, no solo lo conecta con la luz que considera tan importante para sus procesos creativos, sino que a menudo es también el primer lugar de exhibición.

En este sitio, la galería del hotel -que se encuentra cerca de la playa- suele renovarse cada tres meses con obras del artista.

“Los inicios de una carrera artística son tormentosos e inciertos, y aunque siempre estoy en nuevas búsquedas, siento que nunca antes en estos 30 años mi pintura fluyó tanto como ahora”, finaliza Quimbita mientras recorre su obra.

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