19 de diciembre de 2017 00:00

Dos idiomas se extinguieron en los últimos cinco años en el país

En un encuentro se analizaron las soluciones para rescatar las lenguas nativas

En un encuentro se analizaron las soluciones para rescatar las lenguas nativas. Foto: EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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A lo largo de la historia las lenguas nativas han sido importantes paras mantener los saberes ancestrales de los pueblos. El Ecuador tiene 14 lenguas, pero en los últimos cinco años desaparecieron el andoa y el zápara; y otras están en grave peligro de extinción.

Esa preocupación manifestaron varios antropólogos-lingüistas en la Primera Jornada Internacional de Lenguas Indígenas, Competencias Comunicativas y Cartografías Sociales que se desarrolló en la Universidad Nacional de Educación, en Azogues, Cañar.

La Constitución del 2008 reconoce al español como idioma oficial; al kichwa y shuar como lenguas de comunicación intercultural; y el resto de lenguas como propias en cada jurisdicción. La normativa promueve su uso y respeto.

Pero cuatro años después de la publicación de la normativa -dice Jorge Gómez Rendón, investigador de las lenguas amenazadas- falleció Hipólito Arawanaza el último ecuatoriano hablante del andoa, que vivía en la comunidad de Capawari, a orillas del río Pastaza.

Y en este 2017 y a los 92 años murió Cesárea Santi, con quien Gómez Rendón hizo algunas investigaciones sobre la lengua zápara. La hermana de Santi, Ana María, vive pero no domina totalmente esta lengua, dice Rendón.

De estas lenguas se hicieron investigaciones pero no se desarrollaron proyectos concretos que permitan su rescate. “Aun cuando en el 2010 la Unesco declaró al zápara como patrimonio oral inmaterial de la humanidad y había siete hablantes”, explicó Gómez.

Ruth Moya, directora de la carrera de Educación Intercultural Bilingüe de la Universidad Nacional del Ecuador, señala como las principales amenazas que tienen las lenguas al cambio de ubicación de las poblaciones de las comunidades a las ciudades.

Esto provoca una ruptura en la cadena de transmisión intergeneracional de la lengua. “Los padres no hablan el idioma ancestral a sus hijos y eso contribuye a la pérdida del uso de la lengua en el entorno familiar y comunitario”, explicó Moya.

El estudiante saraguro, Gregorio Lozano, coincide en que la escuela y otros espacios son insuficientes para mantener la lengua nativa. “No se puede sustituir la transmisión intergeneracional de la lengua de padres a hijos porque allí está su esencia y rescate.

Moya y Gómez coinciden en que con la extinción de una lengua el país pierde una parte importante de su identidad, diversidad, conocimientos ancestrales, mitos y patrimonio.

Según ellos, todas las lenguas están amenazadas, incluido el kichwa que tiene mayor representación por el número de hablantes en la Sierra y Amazonía, pero hay otras que están en serio peligro como el wao terero, awapit y chapalá.

Moya explicó, por ejemplo, que los waorani que viven en las provincias de Pastaza y Orellana, sufrieron un proceso de aculturación y pérdida lingüística con la presencia de los misioneros y se profundizó con las petroleras.

Allí ha crecido una especie de bilingüismo y por eso hay una brecha en la lengua nativa. En cambio, los chachis que habitan a orillas de los ríos de Esmeraldas dominan el chapalá, pero no su escritura.

En las últimas dos décadas la academia aportó con estudios, descripciones, diccionarios e investigaciones para el rescate de estas lenguas pero no han dado los frutos esperados. Según Gómez, esto se debe a que no se llevó a la práctica su revitalización.

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