12 de abril de 2018 00:00

Una iniciativa busca el intercambio de saberes en Morona Santiago

El grupo de voluntarios acude a la comunidad shuar de San Luis para ofrecer talleres. Foto: Cortesía Juliana Franco / Epicentre

El grupo de voluntarios acude a la comunidad shuar de San Luis para ofrecer talleres. Foto: Cortesía Juliana Franco / Epicentre

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Isabel Alarcón
Redactora
ialarcon@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

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El intercambio de conocimientos es un mecanismo utilizado para la preservación de los saberes ancestrales y de las tradiciones de las comunidades shuar del Ecuador.

Esto es parte de la iniciativa impulsada por el proyecto Nunkui de la fundación Epicentre, que se basa en generar este tipo de experiencias compartidas para incentivar el desarrollo de la comunidad de San Luis, ubicada a 20 kilómetros de Gualaquiza, en la provincia de Morona Santiago.

Gustavo Redin, coordinador de Comunidades de Epicentre, explica que el proyecto se inició con las comunidades el mes pasado y su objetivo principal es rescatar la cultura del pueblo shuar, su cosmovisión y “generar propuestas para la modernidad desde su punto de vista”. Esto significa, según Redin, que la idea no es imponer actividades, sino apoyarles en la puesta en marcha de sus propuestas.

A través del proyecto se busca movilizar a voluntarios, pasantes y personas que estén dispuestas a enseñar sus conocimientos a las comunidades y también a aprender sobre sus tradiciones y forma de vida.

En algunos casos, la idea es darles asistencia en proyectos que la comunidad ya esté desarrollando. Ese es el caso del proyecto de producción de té que se está llevando en la zona. Los integrantes de Nunkui ahora los asesoran en cómo ofrecer mayor diversidad del producto en otros mercados.

Redin cuenta que desde hace dos años, a través de la fundación, empezaron con el levantamiento de información, la generación de propuestas, el análisis de los problemas que se vivían dentro de la comunidad y los conflictos que estas personas viven con las actividades extractivas.

Ahora, su enfoque está en la construcción de un espacio en la comunidad que funcione como la sede para generar este intercambio de experiencias. La fundación espera que en junio se pueda iniciar con la labor y en agosto tener este espacio listo para las actividades.

Mientras tanto, cuenta Redin, están utilizando la casa comunal para dictar talleres de derechos humanos, derecho constitucional, permacultura, diseño y bioconstrucción; observa y escucha y el taller de sueños.

Este último es el más importante, dice el Coordinador de Comunidades, para conocer qué es lo que buscan y quieren las personas del lugar. A través de dinámicas de juegos logran que la comunidad exprese sus deseos para ayudarlos a trabajar en estos.

Actualmente, el proyecto busca personas que se vinculen con la actividad y con la construcción del espacio. La experiencia tiene un costo, el cual varía dependiendo de la situación de los voluntarios.

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