8 de febrero de 2016 10:11

Ikiam fusiona el conocimiento de la selva con ciencia moderna

Varias clases se desarrollan a modo de retos académicos propuestos por el docente. Foto: EL COMERCIO

Varias clases se desarrollan a modo de retos académicos propuestos por el docente. Foto: EL COMERCIO

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Redacción Tendencias

Los aproximadamente 280 alumnos que estudian actualmente en Ikiam forman parte de una generación de investigadores cuyos trabajos parten de lo que les enseña el entorno. Así lo cree María Isabel Arias, quien llegó desde Guayaquil a desarrollar sus estudios en la universidad amazónica, situada a 20 minutos del Tena. Para ella, el estado natural en el cual se instala el centro educativo ha supuesto un cambio en su mentalidad y la de sus compañeros; si antes ellos buscaban respuestas en modelos estandarizados, ahora revisan el comportamiento de las hormigas, por ejemplo, para encontrar soluciones a problemas de transportación en las ciudades.

Precisamente esa es una de las metas que propone Ikiam en su modelo educativo. Martín Bustamante, asesor del rectorado, comenta que entender la diversidad biológica y cultural del sector es uno de los momentos previos al desarrollo de investigaciones universitarias. Él lo explica a través del concepto de biomimesis: encontrar en la naturaleza explicaciones de cómo funcionan los sistemas.

Un proyecto que tuvo esta dinámica se desarrolló meses atrás con la asociación comunitaria Tzarzayacu, que en Napo tiene un emprendimiento en torno a la pasta de cacao. Nelson Granja, especialista de innovación de Ikiam, dice que el primer paso fue entrar en contacto con las personas de la comunidad para saber de cerca cómo eran sus procesos de producción. Allí identificaron un problema que los investigadores de Ikiam asumían como un tema resuelto por esta población: el control de plagas.

Con los conocimientos de la ciencia moderna y los saberes ancestrales de los lugareños, ellos lograron manejar eficientemente esta situación con el fin de que la producción mejore.

Granja explica que todo este proceso se llama ‘design thinking’. En el mismo, los académicos, estudiantes y miembros de la comunidad encuentran soluciones que respondan a contextos culturales, sociales, ambientales, científicos, entre otros. Es un modelo colaborativo cuyo principal reto es analizar las propuestas de todos los involucrados.

Así también se trabaja ahora en un proyecto en torno a la guayusa. La académica e investigadora Katia Sidali es una de las involucradas en este trabajo. Explica que a lo largo de esta investigación ellos se encontraron que la planta se la concibe como sagrada para las comunidades kichwa y shuar de la Amazonía ecuatoriana, y que también resulta interesante desde el punto de vista químico y agrícola.

Estos elementos fueron decisivos para que en el tema de la guayusa se involucren especialistas de ramas que incluyen la economía, pasando por lingüistas y miembros de la comunidad.

Sidali explica que esta metodología es una vía en la cual logran armonizar tanto los conocimientos de la comunidad científica como aquellos que han sobrevivido a través de los siglos. Para Sidali, estos son los primeros pasos en una sistematización de los saberes de quienes han vivido milenariamente en estas tierras; espera una vez que se documente todo este bagaje, se lo ponga a disposición tanto al interior como al exterior de la selva ecuatoriana.

Este proceso de aprendizaje no solo ha sido de utilidad para personas como Sidali o Arias, que provienen de ciudades fuera de la influencia amazónica. Ángel Crespo, que proviene del Tena y ahora estudia en Ikiam, asegura que fue en esta universidad donde está aprendiendo los secretos de la selva. Él comenta que, inclusive, en varias de las clases se toma en cuenta palabras o expresiones en las lenguas nativas para nombrar a proyectos que se desarrollan dentro de clase. De este modo, científicos y estudiantes tienen en cuenta que sus investigaciones se realizan en un contexto específico.

Apoco más de un año de su inauguración, en octubre del 2014, en Ikiam ya están en marcha investigaciones realizadas al 100% donde los académicos llaman su “laboratorio natural”. Es un proceso en marcha que depende tanto del apoyo gubernamental como del avance en los planes educativos que tiene esta institución.

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