8 de julio de 2015 17:18

El Ikat es el nuevo patrimonio inmaterial del Ecuador

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Jackeline Beltrán
Redactora (I)

Extender una madeja de hilo en un banco de madera y anudar las hebras para crear diseños que tomarán forma al pasar por una olla de tinturas no es fácil. A más de paciencia se necesita buena visión y un pulso excelente. A este complejo proceso, que dura al menos un día si se le dedica tiempo exclusivo, se lo conoce como Ikat.

Es la herencia mejor conservada de los artesanos del cantón azuayo de Gualaceo, en el sur del Ecuador. Ellos están de fiesta porque este jueves 9 de julio de 2015, esa técnica es declarada como patrimonio cultural inmaterial del Estado por parte del Ministerio de Cultura y Patrimonio.

Con este reconocimiento se aspira que esta tradición supere la quinta generación de artesanos de los poblados Bullcay y Buzhún, en donde se teje la macana, la prenda que la Chola Cuencana puso de moda en el Austro.

El secreto de esa prenda está en el proceso previo al tejido, dice la artesana Carmen Rodas. Luego de seleccionar el hilo -lana, algodón o seda- hay que anudarlo. Precisamente la palabra Ikat, que proviene de la lengua malaya, significa anudar o atar.

Los artesanos extienden las madejas de hilo en el banco de urdimbre (una estructura de madera) y con cabuya o plástico hacen pequeños nudos en las hebras, con los que se forman los diseños como aves, flores y figuras, que en ese momento no son perceptibles.

El hilo se sumerge en ollas preparadas para el teñido, con sal si es para algodón o con ácido si es lana. Los espacios amarrados no absorben la tinta y mantienen su tono natural, eso es lo que crea el contraste de colores en los diseños. Los nudos se desatan y empieza el tejido, que se lo hace en un telar de cintura.

Los telares atraen a los viajeros que pasan por la vía Cuenca-Gualaceo, pero hace 15 años poco se sabía de su presencia. “Nosotros tejíamos para las mujeres de pollera, que usaban los chales para cuidarse del frío, después le pusieron el nombre de macana”, recuerda el artesano Jorge Vera, de 76 años.

Hace más de 20 años, artesanos como él salían a vender los chales en otras provincias como Loja, Cañar y Pichincha. Ahora ya no lo hacen porque los clientes llegan a buscarlos y el paño se convirtió en un artículo exclusivo, cuenta la artesana Ana Ulloa.

Aunque la prenda más reconocida es la macana, con el Ikat también se tejen ponchos, bufandas, corbatas y apliques para decorar zapatos o carteras. La dinámica del mercado cambió y sus diseños llegan incluso al extranjero.

A los artesanos les preocupa que los jóvenes no se interesen por aprender esta técnica. Blanca Rodas tiene dos hijas, solo una de ellas intentó seguir su tradición, pero tiene una discapacidad que se lo impide. En la actualidad, todos los tejedores son mayores de 50 años y los jóvenes se dedican a otras actividades.

Esas dificultades llevaron a pensar en la declaratoria del Ikat como patrimonio inmaterial de la Nación, dice la artesana Carmen Orellana. “Eso permite que tanto los artesanos como las autoridades desarrollen acciones para salvaguardar esta tradición”.

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