28 de January de 2015 21:04

Hernán Rodríguez Castelo y la discusión sobre el canon literario

Hernán Rodríguez Castelo pertenece a las Academias de Historia del Ecuador, Paraguay, Estados Unidos y España. Foto: Julio Estrella / El Comercio

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Diego Ortiz

Hernán Rodríguez Castelo mantiene en claro que cuando él revisa el canon literario del Ecuador, esta misión no tiene como fin último un replanteamiento de todo lo anteriormente propuesto. Tras poner en circulación la colección ‘Historia de la literatura ecuatoriana s. XIX’, propuesta editorial del Consejo Nacional de Cultura que abarca los años comprendidos entre 1800 y 1860, su tarea vuelve a afianzarse en antiguos presupuestos intelectuales muy suyos: enriquecer las lecturas y los autores que componen la ­panorámica local.

Ensayista, historiador, lingüista... Medio siglo dedicado a la investigación académica en los campos de la teología, el pensamiento, la literatura y la historia han convertido a Rodríguez Castelo en uno de los intelectuales más destacados del medio ecuatoriano. Un reconocimiento que no solo destaca su trabajo como escritor (se cuentan aproximadamente 120 libros de su autoría), sino que también lo ha puesto -en más de una ocasión- bajo la lupa de los críticos. Uno de estos, el novelista Eliécer Cárdenas. 

Autor de libros como ‘Polvo y ceniza’ y ‘Diario de un idólatra’, entre otros, Cárdenas afirma que la extensa labor realizada por Rodríguez Castelo para recuperar la memoria literaria ecuatoriana ha sido una tarea altamente compleja, en la que el investigador se ha caracterizado por su responsabilidad frente al material bibliográfico. Sin embargo, es consciente de que toda su propuesta del canon literario es puesta en duda, pero no por falta de rigurosidad sino, más bien, por las distintas lecturas que constantemente se generan en torno a los movimientos nacionales. “Un canon no puede asumir a todo el mundo. Por eso precisamente es un proceso selectivo no solo de acuerdo con el crítico, sino también a la dinámica temporal”, dice Cárdenas.

En parte, esta reflexión es compartida por el poeta Ernesto Carrión, autor del artículo ‘Canon y dominación: otros modos de entender la poesía ecuatoriana en un país sin lectores’. Al hablar sobre su texto, él explica que la discusión que plantea es que “el canon literario es una idea fascista porque trata de perpetuar un sentir y una ideología de la cultura nacional”. Está convencido de que las redes sociales, los blogs y otros espacios virtuales han logrado que poco a poco se eliminen las fronteras de lo local. Y lo ejemplifica de la siguiente manera: un poeta de Quito se está alimentando de uno de Uruguay; a su vez, este está leyendo a uno mexicano; y el de México tal vez está en contacto con la poesía japonesa. Así se está creando, a su criterio, una ­
cadena de lectura y análisis de textos en la que es imposible mirar solamente al interior de un país.

Pero su reflexión no se restringe exclusivamente a los nacionalismos. En un segundo momento, Carrión pone en discusión el tema de la autoridad intelectual. ¿Quién establece qué cosa y desde qué lugar? Esta es una de las preguntas que rondan su cavilación en torno al tema. Él asevera que el canon es “una forma de dominación cultural que se ejecuta desde ciertos críticos literarios”. Él se refiere a los intelectuales quiteños, a quienes acusa de establecer parámetros de lo que es la literatura nacional “mirando a su ombligo”, sin tomar en cuenta las propuestas literarias novedosas más allá de los centros urbanos.

Por su parte, Rodríguez Castelo ahora se define como ecléctico en el momento de abordar un tema tan complejo como lo es el canon. Esta tarea -que se inició en la década de 1970, cuando publicó sus primeros estudios en torno a la literatura precolombina y el cuento, la oratoria y la poesía ecuatorianas- toma nuevos matices en la actualidad, en un período en el cual él admite la necesidad de revisar todas las voces posibles para construir la panorámica literaria nacional. Al igual que Cárdenas, asume la imposibilidad de crear una historia de la literatura ecuatoriana total. Mas está convencido de que hay que establecer, gracias a la hermenéutica y los insumos de la investigación contemporánea, una hoja de ruta de lo que ha sido producido en el país en el ámbito de las letras.

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