2 de September de 2013 09:50

Herencia genética abre las puertas a adicciones

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Tener un tío adicto a la cocaína, una madre con dependencia al tabaco o un abuelo alcohólico aumentan las probabilidades de que una persona siga sus pasos y desarrolle también una adicción.

Así como algunas familias pasan a las nuevas generaciones problemas cardíacos o de hipertensión, otras heredan un sistema de dopamina más vulnerable.

Este neurotransmisor está ligado al placer y al circuito de recompensa en el cerebro, un área funcional conectada con las adicciones.

“En un paciente alcohólico o adicto a otra sustancia, uno puede identificar que en su familia hay gente con problemas similares. Lo común es que si los jóvenes son adictos, uno les pregunta a ellos o a sus familiares y encuentra antecedentes”, apunta el psiquiatra Luis Carlos Sancho.

Esto, porque el consumo de drogas o incluso conductas como las apuestas o dormir –en niveles adictivos, claro está–, generan una alteración mental en los sectores del cerebro relacionados con el placer.

“El comer, el sexo, el dormir, todo esto está relacionado con placer y anatómicamente con el circuito de recompensa. Igual con los comportamientos adictivos hay una descarga de dopamina en este circuito”, explica el psiquiatra y experto en drogodependencia Hárold Segura.


Los antecedentes familiares hacen más frágiles las conexiones en este sistema. Esto no significa que naturalmente están predispuestos a buscar drogas. Sin embargo, sí implica que, en caso de probarlas, puedan ser más fácilmente afectados por ellas.

Segura apuntó que en familiares de primer grado, la probabilidad de adicción aumenta hasta el 50% y disminuyen conforme aumenta la distancia genealógica.

Al estar las adicciones —desde alcoholismo hasta ludopatía— conectadas al mismo sector anatómico, el cuerpo no discrimina entre ellas y, aunque la historia familiar indique una “preferencia” por una sustancia, la persona puede generar una dependencia por otra.

Por ejemplo, casos de jóvenes adictos a drogas más “modernas”, como cocaína o heroína, usualmente tienen familiares dependientes al alcohol o al tabaco.

A pesar del peso que puede tener el factor genético, la mayoría de los casos clínicos cuentan también con factores externos de riesgo. Así, eventos graves como un despido o la muerte de un familiar y ambientes desfavorables –una familia disfuncional o un vecindario violento– pueden desencadenar una condición que vendría heredada.

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