12 de junio de 2014 20:15

Fanzines o el mundo de las ideas alternativas

‘Parche Andino’ y ‘Túnel’ son dos fanzines hechos exclusivamente por mujeres.

Ariadna Vargas y H. Vallejo son los productores de la feria de fanzines La Cachina, que se realizó en el CAC. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO

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Diego Ortiz. Redactor

Entre los creadores nacionales urge la necesidad de plasmar su trabajo en formatos físicos y/o digitales. Y frente a las políticas editoriales de los medios, los fanzines se han convertido en la trinchera desde la cual visibilizan y difunden sus obras (sean poemas, ilustraciones, cuentos, etc.).

Tal vez en alguna de las próximas ediciones de la Feria del Libro de Quito se abra un espacio para estas publicaciones (extraoficialmente se sabe que esta posibilidad está en negociación). Pero mientras llega esta opción, en lo que va del año se han realizado en la ciudad dos encuentros dedicados exclusivamente para estas publicaciones (7 Dedos, en mayo; La Cachina, en junio). En estos, más de una veintena de proyectos nuevos han sido presentados a un público que va asumiendo una postura crítica frente a la oferta.

Y es que se debe partir del hecho de que los fanzines no son para todos. Sus contenidos son producto de la colaboración de gente alineada a un estilo o pensamiento. Un buen ejemplo de esto es El Monociclo, que se mueve entre la narrativa, la poesía y la ilustración. Luciana Musello, encargada de comunicación de la revista, explica que los temas que se proponen, si bien son de amigos de los editores, son pensados para lectores que buscan renovar sus bagaje literario.

Algo similar ocurre con el fanzine La Patanada, cuyo enfoque es la ilustración con un tono ‘soez’, como dice su creador, ‘Shaul’. Él, consciente de que sus gráficas escapan del concepto de lo políticamente correcto, comenta que la supervivencia de este tipo de publicaciones depende, en gran mayoría, de la capacidad de difundirse a través de redes sociales. Frente al escaso público que hay para el papel, el digital se convierte en uno de los mejores escenarios para darse a conocer.

Ahora bien, ¿cuál es la necesidad de publicar en medios emergentes, que frente a la falta de ventas es posible que cierren luego de unos pocos números? Paco Puente, ilustrador y miembro de los fanzines Azno y Afro Monkey Podrix, dice que uno de los incentivos es el interés por estar presente en la panorámica creativa del país. “Los grandes medios muchas veces rechazan nuestras obras. Aquí (en Azno) tengo la libertad de realizar mis propias ideas”, señala.

Para Ariadna Vargas, una de las organizadoras de La Cachina, el mundo editorial de los fanzines se encuentra en uno de sus momentos claves en el país. Más que nunca, y gracias a la facilidad de las comunicaciones, la gente se encuentra publicando revistas emergentes de la más diversa índole, convirtiendo a estos espacios en los primeros repositorios de la creación contemporánea ecuatoriana.

La Cachina, la primera feria de publicación independiente y experimentación editorial que se desarrolla en el Centro de Arte Contemporáneo.

Junto a esto, otro de los puntos destacados es que ahora los fanzines cuentan con colaboraciones de extranjeros. Hay un intercambio intenso entre los países del continente, permitiendo el intercambio de ideas desde distintos frentes culturales.

Muestra de ello es, por ejemplo, el fanzine El Contenedor, ofertado en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) en el marco de La Cachina y cuya propuesta, en su sexto número, es abordar el cuerpo desde propuestas teóricas que actualmente se trabajan en México.

La difusión

A pesar de la diversidad de temas y perspectivas, una de las principales limitantes para el crecimiento de los fanzines son los canales de distribución. Si bien por internet logran difundir el material, esta no es la mejor opción en términos económicos.

Las revistas se comercializan desde los USD 0,50 hasta los 5; su manufactura tarda, en el mejor de los casos, un mes; los costos de su producción sobrepasan los USD 50. Es por eso que la inclusión en una feria del libro podría llevarlos de la marginalidad a cierto nivel de estabilidad. Más que intervención económica por parte del Estado, lo que quieren muchos de los directores de estas publicaciones son espacios donde presentar al público sus productos.

En la actualidad, lugares como la tienda del CAC, Pentasiete Art Studio, Z Lifestyle Gallery, entre otros, son los lugares para acceder a una de estas propuestas emergentes.

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