23 de agosto de 2017 00:00

256 escuelas unidocentes todavía subsisten en el país

20 niños, de primero a séptimo de básica, reciben clases en Esmeraldas. La maestra unidocente es Carmen Delgado. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

20 niños, de primero a séptimo de básica, reciben clases en Esmeraldas. La maestra unidocente es Carmen Delgado. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
y Modesto Moreta (I) 
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Carmen Delgado García es licenciada en Educación con Especialidad en Ciencias Naturales. Su sueldo mensual, como maestra unidocente, es de USD 817. Tiene nombramiento provisional desde el 2014.

En una aula, de 15 metros por 7 m, enseña a 20 alumnos de primero a séptimo de Básica de la Escuela José Joaquín Montúfar. El establecimiento se encuentra en el recinto El Tigre, parroquia Tachina, en el norte de Esmeraldas.

Este es uno de 4 256 planteles unidocentes que funcionan en el país, de 12 629, detalla el Ministerio de Educación. En ellos estudian 78 039 chicos, el 2% de casi de 3,5 millones de alumnos en el sistema público.

Para asistir a clases, la docente Carmen Delgado viaja 20 minutos, todos los días. Va en una de las motocicletas que llegan hasta el recinto, desde Tachina. No hay transporte público disponible.

De las paredes del aula ­cuelgan cuatro pizarrones. En ellos se turna para enseñar a cada uno de los siete grados de Educación Básica.

“Por momentos, captar la atención de cada grupo resulta abrumador. Todos piden a la vez que se les explique”, dice.

Los niños que se educan son de la misma comunidad y usan el uniforme que entrega el Gobierno: calentador gris y una camiseta blanca.

Mientras esta maestra habla a un grupo sobre las vocales, a los de séptimo les pide hacer ejercicios de matemáticas. Y los de cuarto terminan una copia. A su único alumno de primero de Básica le enseña en su escritorio, que es una mesa cubierta con un mantel.

En segundo de Básica tiene cinco estudiantes; en tercero, uno; en cuarto, dos; en quinto, también cinco; en sexto, cuatro y en séptimo, dos.

En su salón de clases hay un televisor y un aire acondicionado en buen estado; cuatro computadoras que no funcionan, y las pizarras que han empezado a deteriorarse.

En el Distrito de Educación de Esmeraldas se indicó que tienen 43 centros unidocentes en ocho parroquias rurales. Cinco en Chinca, donde se levanta una unidad del Milenio.

En la Sierra, en comunidades indígenas de Tungurahua y Cotopaxi, también funcionan aún las escuelas unidocentes. Hay 54 en las dos provincias, según un informe de la Coordinación de Zonal de Educación.

La mayoría no tiene laboratorios, equipos de cómputo ni profesores de inglés. Tiene escaso material didáctico.

La distancia que los chicos debían caminar, para ir a las escuelas del Milenio, hizo que sus padres se opusieran al cierre de las unidocentes.

Aún hay un sector que pide que se reabran varios de estos centros. El Ministerio analiza soluciones a los problemas causados por la distancia.

Situaciones de ese tipo afronta la comunidad Nueva Vida, del sector Atahualpa, a 4 100 metros de altitud. La Escuela Runacunapac Yachanawasi, del pueblo de casas dispersas, funciona en dos aulas pintadas por los padres.

Los 15 alumnos, que terminaron el ciclo pasado, no aprendieron computación. Dos de las tres máquinas están dañadas. “La educación es deficiente, el maestro no sabe hablar kichwa. Requerimos equipos e Internet”, dice Aníbal Punina, del comité de padres.

La vía de acceso a esta comunidad es de tierra. Se llega a Llangahua por la vía asfaltada y se desvía por una carretera de tierra y piedras. Eso preocupa a Efraín Punina, presidente de la comunidad. El ciclo pasado, seis padres debieron ir a caballo o caminando con sus hijos, para llevarlos a la escuela y quienes no tuvieron dinero los pusieron como oyentes.

“No podemos sufrir con nuestros niños, que madrugan para ir a la Escuela Manuela Cañizares de Cununyacu, que está a 45 minutos a pie”.

Carolina Báez es coordinadora Zonal de Educación de Tungurahua. El modelo de educación del anterior Gobierno -apunta- buscó el ordenamiento de la oferta.

Se buscó ubicar a las unidades del Milenio en zonas en donde se podían absorber escuelas pequeñas con infraestructura inadecuada y un maestro. “El propósito es brindar una educación de calidad con laboratorios y maestros”.

En Cotopaxi aún hay 47 escuelas unidocentes y en Tungurahua, siete. Eran 306 y 262, respectivamente, hasta el 2013. Para el nuevo ciclo 2017- 2018, se desarrollará un modelo de educación territorial, que funcionará en redes. Los docentes se trasladarán a sitios que requieran más ayuda.

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