4 de noviembre de 2017 00:00

39 KM para pedalear y gozar

Un grupo de pedalistas visitó la ruta Pacto-Mashpi el pasado jueves. Fotos: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

Un grupo de pedalistas visitó la ruta Pacto-Mashpi el pasado jueves. Fotos: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

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Paola Gavilanes
Redactora (I)
pgavilanes@elcomercio.com

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Una ruta ciclística para oxigenar los pulmones, quemar calorías y activar las fibras más profundas del cuerpo espera a los amantes del pedal en el noroc­cidente de Quito. Se trata de Pacto-Mashpi, con 39 kilómetros de recorrido.

La ruta empieza en la iglesia de Pacto, una parroquia con 4 798 habitantes (2 543 hombres y 2 255 mujeres). Atraviesa gran parte del Área de Conservación y Uso Sustentable Mashpi-Guay­cuyacu-Sahuangal, la primera Área Natural Protegida del Distrito Metropolitano de Quito.

Este tramo está cubierto por piedras resbalosas, lastre, hierba e incluso agua.

También contempla numerosos ascensos y descensos pronunciados. Esos, precisamente, ‘despiertan’ los músculos de las pantorrillas, zona baja de la espalda, hombros, brazos y abdomen. Es un ejercicio completo, porque también relaja.

Dependiendo de la intensidad con la que los visitantes pedaleen, pueden quemar entre 800 y 1 000 calorías en una hora.

El recorrido, por lo regular, toma 90 minutos. Termina a orillas del río Mashpi, donde puede complementar la diversión por un valor de USD 0,50.

Frank Acosta, presidente del Club de Ciclismo de Montaña de Pichincha, la recomienda para niños mayores de 10 años, pues hasta esa edad el vínculo con esa y cualquier otra disciplina deportiva debe ser lúdico.

A los más pequeños les sugiere hasta 5 kilómetros. El resto del camino puede recorrerlo en una camioneta 4x4, pues el tramo también está diseñado para el paso de vehículos.

La ruta Pacto-Mashpi atraviesa un bosque nublado, con flora y fauna únicas. Con un poco de suerte, es posible observar variedad de pájaros y escuchar sonidos que amenizan el recorrido. Así que olvídese del reproductor de música.

Por esa razón, Acosta la describe como un tramo recreativo, pues además de distraer la vista y respirar aire puro, los pedalistas pueden sorprender a su paladar, desde el inicio del recorrido, con diversos platillos locales y golosinas a precios cómodos.

En esa lista están los chocolates orgánicos, frutas exóticas y mermeladas. Una barra de chocolate elaborada a base de chocho, por ejemplo, alcanza los USD 2,50. Es ideal para quienes llevan un estilo de vida vegano.

En el centro de la parroquia, en cambio, los propietarios de restaurantes ofrecen desayunos contundentes. Uno de los más pedidos contiene majado de plátano verde, dos huevos y carne al jugo. Los visitantes lo acompañan con café o un vaso de jugo de fruta de temporada.

La ruta es poco transitada y eso permite cumplir con paradas obligatorias, para aprovechar la visita al máximo.

En el camino hacia Mashpi, los propietarios de determinadas fincas ofrecen recorridos por sus plantaciones. Otros alquilan camas para pasar la noche en familia entre USD 15 y 25.

Dependiendo del número de turistas, los pobladores arman promociones. También ofrecen recorridos guiados. Diana Cuero, de 28 años, por ejemplo, dirige las salidas con extranjeros, pues habla cuatro idiomas.

Al final del recorrido, las mujeres de la comunidad esperan a los turistas con bebidas y comida: tilapia con yuca, con verde o con arroz y menestra de lenteja o fréjol. El pescado es fresco y se cocina en leña. Se deshace al primer contacto con la boca.

El único requisito para recorrer la ruta es asistir en horas de la mañana, entre las 07:00 y las 10:00, para evitar la niebla y disfrutar de la naturaleza, y asistir con una bicicleta de montaña. Si rueda con otras, es posible que sufra durante el recorrido por la complejidad del terreno.

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