25 de junio de 2016 00:00

5 nuevas editoriales son el medio para lo joven y lo raro

Turbina: el catedrático Juan ­Pablo Crespo es el editor de Turbina Editorial. Ha publicado libros de poesía y narrativa. Cactus Pink: El primer ­libro de ­esta editorial es ‘Olvido’, de Santiago Páez. El escritor Santiago Peña maneja la editorial

Turbina: el catedrático Juan ­Pablo Crespo es el editor de Turbina Editorial. Ha publicado libros de poesía y narrativa. Cactus Pink: El primer ­libro de ­esta editorial es ‘Olvido’, de Santiago Páez. El escritor Santiago Peña maneja la editorial. Foto: Alfredo Lagla/EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@elcomercio.com

Olvido’, una reedición del libro que el escritor ecuatoriano Santiago Páez publicó en el 2008, se convirtió en el primer título de Cactus Pink, una editorial independiente que apareció en el mercado local a inicios de junio y que está dirigida por Santiago Peña Bossano, el último ganador del Premio Aurelio Espinosa Pólit.

Cactus Pink es parte de un grupo de editoriales independientes que han aparecido en la ciudad como alternativa al trabajo editorial que se realiza desde las casas más grandes o tradicionales.
Una de las cosas que caracteriza a Turbina Editorial, El Fakir, Doble Rostro, Ruido Blanco y Cactus Pink es la reivindicación del editor como un mediador entre el lector y el escritor.

Parte de los beneficios de abrir una editorial independiente es revalorar la figura del editor, un personaje que -durante mucho tiempo- ha estado a la sombra. Esta es una de las conclusiones de la escritora Sandra Araya, de Doble Rostro, una firma que apareció en el 2011.

Juan Pablo Crespo es el director de Turbina, una editorial independiente que apareció en la ciudad a inicios de este año. Este catedrático universitario considera que en las grandes editoriales se realiza un trabajo más mecánico, por el volumen de libros que se publican. “El editor independiente -dice- es alguien que conceptualiza más la obra y que la trabaja con el corazón”.

Otra de las intenciones que tienen las editoriales independientes es abrir espacios para las nuevas voces de la literatura ecuatoriana y para las publicaciones que han sido rechazadas por las grandes casas. El caso más sonado de los últimos años fue ‘Miss O’Ginia’, del escritor Fernando Escobar Páez, el primer libro editado por Doble Rostro.

Este es un libro -dice Araya- que nadie se atrevía a publicar porque tiene un fuerte contenido sexual, pero si realizas una lectura más atenta no es tan fuerte sino divertido”. A la publicación de la novela de Escobar le siguió ‘Los Diarios Sumergidos de Calibán’, un poemario escrito por el guayaquileño Ernesto Carrión.

En menos de tres meses, Turbina Editorial ha publicado el trabajo de más de dos docenas de escritores emergentes y jóvenes. Dentro de la colección Artefactos se publicó ‘Arrarrau’, un libro de poesía que incluye a autores como María Auxiliadora Balladares, Roy Sigüenza y Luis Borja Corral.

Reeditar libros que ya no se encuentran en ninguna librería es otra de las motivaciones que mueve a las personas que manejan editoriales independientes. Gabriela y Álvaro Alemán, de El Fakir Ediciones, una editorial que apareció en el 2015, publicaron ‘008 contra Sancocho’, del escritor colombiano Hernán Hoyos. El libro de Hoyos es solo un ejemplo de todo lo que Gabriela y Álvaro tienen maquinado para El Fakir, una firma que busca ir contracorriente y reeditar textos de escritores ecuatorianos y latinoamericanos que ya no se encuentran en ninguna librería .

Rara Avis, la colección a la que pertenece la obra de Hoyos, es solo una del extenso abanico editorial en el que está trabajando El Fakir. Sus creadores publicarán poesía ecuatoriana y universal (colección Arosia), biografías (colección Bios), textos infantiles y juveniles (colección Chulpi), ensayos y crónicas (colección Centauro), antologías (colección Jucho) y clásicos vigentes (colección Cabeza de Gallo).

Entre los problemas que tienen las editoriales independientes está la distribución de sus libros. Andrés Villalba Becdach, editor de Ruido Blanco, que apareció en el 2011, cree que lo más complicado es que las librerías grandes acepten sus libros. Entre las publicaciones que ha sacado esta editorial está ‘Llactayuk & Ofelia City’, de Javier Cevallos Perugachi, ‘Hábitat del camaleón’, de Santiago Vizcaíno y ‘Mester de altanería’, de Luis Carlos Mussó.

Frente a las dificultades de distribución de los libros, Turbina se propuso cambiar la dinámica y hacer que el libro sea el que vaya en busca del lector. Sus libros se distribuyen en cafés, galerías, restaurantes y librerías independientes. “La idea -dice Crespo- es que si tú vas a un bar a tomar una cerveza te encuentres con un libro”. Esta es solo una de las formas que han encontrado estas firmas para autofinanciarse.

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