12 de mayo de 2017 00:00

Doris Sommer: ‘Sin arte no se puede pensar en cambios sociales’

Sommer, después de su charla en la Universidad Andina.

Sommer, después de su charla en la Universidad Andina. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I)

Doris Sommer, profesora de la Universidad de Harvard, es ante todo una humanista. Una creyente del poder transformador que puede tener el arte en la sociedad contemporánea. “Sin arte -dice- no se puede pensar en que haya cambios en la sociedad”.

Sommer estuvo en Quito, esta semana, para dictar el taller Pre-Textos: Lectoescritura, Innovación y Ciudadanía
y la conferencia El arte obra en el mundo: Cultura ciudadana y humanidades públicas, que se desarrollaron en la Universidad Andina Simón Bolívar.

Sus reflexiones, durante estas actividades, se centraron en el papel que tiene el humanismo frente a una sociedad donde la gente se decanta más por el mundo tecnológico.

La premisa de Sommer es simple: a través del humanismo se desarrolla la facultad del juicio estético. Este juicio, que durante el siglo XVIII se llamaba gusto, solo se aprende pensando y hablando de cosas que en apariencia no tienen mayor importancia. “Si una persona no piensa sobre cosas que no tienen ningún interés económico, moral, intelectual o sentimental... no logrará desarrollar su juicio estético. El humanismo es imprescindible para pensar de forma libre”, dice.

En esta dinámica el papel del artista es imprescindible porque es el único que se permite divagar. El único -dice- que inventa cuatro respuestas para una misma pregunta.

Lo novedoso en la propuesta de Sommer es que todas las personas, de alguna manera, pueden ser artistas y ejercer su derecho a la imaginación. Para sostener esta tesis se apoya en Schiller y sus postulados sobre la educación estética y el impulso del juego.

Si todas las personas pueden ser artistas es porque tienen la pulsión de crear y jugar. “En alemán, arte y juego -explica- son la misma palabra”.

Las reflexiones de pensadores como Immanuel Kant, que habla sobre la necesidad del arte como mecanismo de libertad; de Augusto Boal y sus aportes a la escena global con la creación del Teatro Foro o Teatro del Oprimido; o de Antanas Mockus con su decisión, cuando fue alcalde de Bogotá, de llenar la ciudad de payasos, las ha puesto en práctica a través del proyecto Pre-Textos.

Con este programa, Sommer demuestra que el trabajo de los intelectuales no debe quedarse solo en el discurso. Para la autora de ‘Ficciones fundacionales: las novelas nacionales de América Latina’, publicada en 1991, los espacios de educación escolar son los mejores para que una persona desarrolle la creatividad.

Por eso, ‘Pre-textos’ está orientado a la capacitación de docentes con el objetivo de que hagan jugar a los niños a través de textos difíciles. “La idea es que el profesor trate el texto como materia prima, como un juguete para que el niño o el joven se convierta en usuario de lo que está leyendo”.

Sommer sostiene que si un niño o un joven baila, pinta o canta un texto, pasa de ser un receptor a un usuario y eso lo convierte en un artista, en alguien que utiliza los materiales que están a su alcance para crear nuevos mundos.

En relación con las personas que ejercen el arte como una profesión, establece una diferencia: los artistas que solo quieren sorprender y ganar dinero y los que velan por los efectos públicos de su arte. En el trabajo de estos últimos ­-dice- se abre la posibilidad de crear un arte ético, que pueda hacer aportes importantes a la vida contemporánea.

Durante su conferencia mencionó el trabajo del artista mexicano Pedro Reyes, autor de ‘Disarm’ , una instalación visual y sonora hecha con fusiles y pistolas incautadas a los grupos criminales en México.

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