17 de March de 2010 00:00

Sarayaku muestra su vida

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Redacción Cultura

El pueblo kichwa de Sarayaku (río del maíz), asentado en la zona centro sur de Pastaza, a orillas del río Bobonaza, presenta su vida, sus costumbres y su cosmovisión en la Alianza Francesa de Quito.

Hace siete años quería que se conocieran las razones por las cuales se oponía a que la empresa argentina CGC emprendiera, en el 2002, labores de exploración petrolera en su territorio. No fue sino hace un año, cuando esta iniciativa se concretó gracias a la escritora Anne Sibran, quien visitó la comunidad y posibilitó un acercamiento entre Sarayaku y la Alianza Francesa de Quito.

Sabine Bouchat, ex asesora técnica de la Cooperación Belga, quien ha vivido alrededor de 20 años en el ‘Pueblo del mediodía’, -también se le conoce así- este nexo posibilitó que se trasladaran a Quito 140 piezas de cerámica, 20 flechas de chonta, 20 coronas de plumas, una balsa de pesca y varios tejidos, plantas medicinales y utensilios, 19 fotos de la vida cotidiana, captadas por el grupo de comunicación de la comunidad.

Vinieron 100 indígenas, de los cuales 45 permanecen en Quito. Ellos guían a los visitantes en el recorrido por los diferentes ambientes de la exposición, que se divide en: El hombre de Sarayaku, La Mujer, La vida cotidiana, la Caza y La cosmovisión indígena.

En cada espacio se puede apreciar cómo se elaboran, en vivo, cerámicas , tejidos, lanzas y se da la oportunidad de que los asistentes experimenten la caza con cerbatana, en una especie de ‘tiro al blanco’. Además, pueden adornar su rostro con el decorado ceremonial de este poblado kichwa.

También se exhiben tres documentales sobre la vida de Sarayaku, realizados por Eriberto Gualinga, los cuales han sido reconocidos con premios como el Paco Urondo, de Argentina, en 2005.

José Gualinga, hermano de Eriberto y presidente Atayak, asociación de Rescate y fortalecimiento de los saberes ancestrales de Sarayaku, dice que es importante incluir un espacio para difundir su concepción de progreso, nombrada como Sumak Kawsai, que respeta el medioambiente. También el proyecto Sisa ñambi (Camino de las flores) que consiste en plantar tres especies de árboles florales (Leche Ruya, Julunchi y Moreta) en círculos concéntricos de 5 km de distancia entre uno y otro, bordeando a Sarayaku. El fin: reforestar la selva, atraer a la fauna endémica y hacer un tributo a los ancianos. José comenta que “la explotación petrolera provocaría que los animales se vayan, la selva moriría y, ¿nuestro sustento?”.

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