21 de agosto de 2017 00:00

Casa del Cacao, un testigo del pasado montuvio de Guayaquil

Arquitectos, artistas, gestores, investigadores y vecinos acudieron a la manifestación la tarde de hoy, martes 15 de agosto, frente a la casona ubicada en las calles Panamá e Imbabura, en rechazo al derrocamiento de la vivienda.

El pasado 15 de agosto, manifestantes organizaron un plantón a favor de la preservación de la Casa del Cacao. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Alexander García  Reportero
(F-Contenido-Intercultural)

Un mudo testigo de la historia cacaotera y montuvia de Guayaquil. La casa centenaria Ignacio Ycaza Gómez, en la esquina de las calles Panamá e Imbabura, mejor conocida como la Casa del Cacao, ha sido “testigo de la actividad febril del hombre montuvio, curtido por el sol en faenas de secado de los granos de cacao” en pleno centro de la ciudad.

Así lo reivindica el educador guayaquileño Pedro Valero Merino, que describe el desembarco y embarco del producto agrícola en la zona, así como del tradicional “tendalear” o el secado de las pepas en las veredas -una actividad que se desarrolló hasta los años 60 del siglo pasado-.

El Municipio de Guayaquil busca demoler el inmueble rescatando para su posterior utilización de elementos como chapas y rejas metálicas. En el lugar se planea construir un teatrino. La posibilidad del derrocamiento ha encendido una polémica. El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) ratificó que es inviable el derrocamiento y que el proyecto de refuncionalización debe incluir su preservación.

Merino, colaborador de la página La Memoria de Guayaquil en Facebook, habla de mujeres con sus hijas seleccionando los granos de la pepa de oro, de comercios de cacao y café atrayendo a los clientes con su aroma.“La casa fue parte de la actividad cacaotera, forma parte de esas memorias y de la identidad arquitectónica de la ciudad”, diceel educador.

“La Casa del Cacao invoca la relación entre la urbe y el campo, es un símbolo del vínculo histórico entre Guayaquil y la zona cacaotera, entre el puerto por donde salía (la pepa de oro) y el lugar donde se producía”, indica Willington Paredes, investigador e historiador local, quien se autodefine como montuvio, y quien en su niñez vio “tendalear” cacao en las aceras y en patios de las calles Panamá y Malecón.

El inmueble cuenta con una planta baja destinada en su momento al uso comercial y al almacenaje, y con una planta alta para vivienda. El arquitecto y fotógrafo guayaquileño Ricardo Bohórquez, explicó que la calle Panamá se volvió una zona deprimida y sin actividad en parte porque le dio la espalda a ese uso de suelo histórico.

“El modelo vivienda-comercio te garantiza que la calle va a tener actividad, que va a existir menos delincuencia”.

Luis Alfonso Saltos, urbanista y arquitecto, señaló la contradicción del plan de demolición municipal con los de impulso al turismo y con el programa de reactivación de la calle Panamá, que fue regenerada favoreciendo al peatón, pero que sigue siendo una zona desolada del centro.

La Casa del Cacao tiene balcones de hierro y mansardas (ventanas dispuestas sobre el tejado). La estructura es de madera y caña, fachada revestida de cemento, pilares de ladrillo con alma de madera, techo de zinc con buhardillas, con influencia de la arquitectura francesa. Una muestra de la relación entre los cacaoteros locales con Europa, a donde los hacendados enviaban a sus hijos a estudiar, apunta Merino.

Johnny Ugalde, arquitecto responsable del inventario del INPC, reconoce la influencia de la arquitectura criolla y provincial francesa; dice que la singularidad de la vivienda está también en sus estructuras.

Fueron encargadas -explica- a carpinteros constructores de barcos, herederos de una larga tradición que hizo célebre a los astilleros de Guayaquil.

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