6 de marzo de 2018 00:00

El aprendizaje de los ancestros se retoma a través de talleres

La Prefectura de Santo Domingo realiza talleres para que las personas mejoren el proceso de tratamiento de la caña. Foto: Bolívar Velasco / EL COMERCIO

La Prefectura de Santo Domingo realiza talleres para que las personas mejoren el proceso de tratamiento de la caña. Foto: Bolívar Velasco / EL COMERCIO

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Redacción Santo Domingo
(F-Contenido Intercultural)

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Las técnicas ancestrales que diferentes grupos étnicos utilizan para el tratamiento y uso de la caña son rescatados en Santo Domingo de los Tsáchilas por montuvios, indígenas y afros.

Este producto por muchos años ha sido esencial en casas, cabañas, herramientas rústicas, adornos y entre otros usos que lo constituyeron en un material tradicional para los miembros de los pueblos nativos de la Costa ecuatoriana.

En la cadena del proceso, que empieza con la cosecha, los nativos comparten los conocimientos que sus ancestros les enseñaron a la hora de diferenciar el tipo de caña que va acorde para los diferentes usos.

Estas destrezas son parte del intercambio de conocimientos que la Prefectura de Santo Domingo promueve en talleres en los que los participantes además aprenden nuevas metodologías para el corte, pulido y procesamiento de la caña guadúa.

María Zambrano es oriunda de Manabí y se identifica con el pueblo montuvio. Con sus abuelos aprendió que en la Costa le dan un mayor uso a la caña de la variedad brava para construir chozas y cabañas. En su natal Chone su familia cuenta con pequeñas casas de madera que fueron construidas con ese ejemplar.

En la tradición Tsáchila, la caña brava también tiene demanda, principalmente para la edificación de los centros ceremoniales.
Agustín Calazacón cuenta que la tradición antigua les dejó una norma para saber seleccionar el producto ideal.

Ellos procuran escoger la caña de forma tubular que cuenta con una especie de nudos, que a lo largo del madero se ven separados por espacios de 15 y 20 centímetros.

De esa forma los aborígenes, en el tiempo de la cosecha, cortan la caña durante los días de cuarto menguante. Según la tradición, esto les permite que el material disponga de una vida útil de hasta por 50 años.

Alberto Quiñónez, un afrodescendiente de Esmeraldas y radicado en Santo Domingo, hace 25 años, construye estructuras en caña desde hace 10.

Él dice que la arquitectura ancestral con el paso del tiempo se fue complementando con técnicas que generan un mejor acabado y dan una presentación más estética al vegetal. Entre esos están los químicos y elementos abrillantadores que ayudan a liberar de hongos y gusanos.

Los adornos en caña bambú son otras de las opciones que aprenden los talleristas de los cursos de la Prefectura.
Toyita Giler es de Manta y por estos días se encuentra en la provincia Tsáchila capacitándose para elaborar ese tipo de acabados en madera.

Ella es parte de un programa de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional donde ha aprendido a realizar muebles en bambú. Pero ahora quiere incursionar en adornos para darle un plus a su emprendimiento.

“Dentro del Plan Casa para Todos dotaremos de enseres hechos con base en bambú. La idea es mejorar la decoración de varios espacios dentro de la vivienda”. El proyecto de vivienda la Chorrera 2, en Pedernales, es un ejemplo del rescate de la técnica ancestral en caña nativa y que espera ser replicado en Casa para Todos.

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