29 de agosto de 2015 00:00

Andotecas, las nuevas bibliotecas urbanas

En los próximos meses se inaugurarán 15 nuevas bibliotecas de calle. El  uso de los libros es gratuito. Foto: Patricio Terán / ELCOMERCIO

En los próximos meses se inaugurarán 15 nuevas bibliotecas de calle. El uso de los libros es gratuito. Foto: Patricio Terán / ELCOMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I)

La primera Andoteca de la ciudad funciona, desde hace un mes, en los exteriores del Pobre Diablo (Isabel La Católica y Galavis), en el barrio La Floresta. La Andoteca es una pequeña biblioteca urbana construida con materiales reciclados -madera, vidrio y tubos de PVC-, cuyo objetivo es fomentar la lectura en la ciudad a través del trueque.

La creadora de esta iniciativa lectora es María Fernanda Riofrío, una profesora que ha estado vinculada a la promoción de la educación no formal y de la lectura, sobre todo, en los niños y jóvenes.

De su experiencia en el mundo de los libros, Riofrío sabe que, en ocasiones, las personas tienen temor de entrar a una librería o a una biblioteca. Lo que se le ocurrió para tender un puente directo entre la gente y los libros fue tentar a los primeros colocando obras en un lugar de fácil acceso y de mucho tránsito.

Para acceder a un libro de una Andoteca, las personas solo tienen que hurgar dentro de ella, revisar si hay algún texto de su interés y tomarlo. No se necesita ningún tipo de acreditación, membresía o pagar algún valor por su uso. Lo que se espera -dice Riofrío- es que esas mismas personas, luego donen un libro que tengan en su casa y que lo coloquen en la Andoteca para que más personas lo lean.

Este proyecto ganó uno de los fondos concursables del Ministerio de Cultura. Con el dinero que recibirá se construirán 15 nuevas Andotecas, con el propósito de armar una red de pequeñas bibliotecas comunitarias. Riofrío, incluso, habla de la posibilidad de que la gente copie la idea para que las Andotecas se popularicen en los barrios.

Para la apertura de una Andoteca se necesita un socio o activista de la lectura que quiera adoptar una de estas bibliotecas. Esta persona será la encargada de que ese espacio permanezca en buenas condiciones y ayudará a que se fomente la donación y el trueque de libros.

Hasta el momento ya existen tres lugares definidos para ubicar las próximas Andotecas en Quito, la cafetería El Roscón, ubicada en La Floresta, una ferretería en Nayón y una tienda en Tanda.
Riofrío cuenta que la experiencia de la Andoteca afuera del Pobre Diablo ha sido enriquecedora. “Al principio la gente tenía miedo de acercarse y tomar con libertad un libro. Eso al principio asustaba, pero ahora hay muchas personas que toman uno”.

En estos días se han registrado las primeras devoluciones de libros, incluso ya se han recibido nuevas donaciones. Una de las carencias de este primer mes de funcionamiento ha sido la poca rotación de libros para niños. La mayoría de obras que han circulado han sido de narrativa y ciencias sociales.

En este proceso de trueque, Riofrío se ha encontrado con algunas sorpresas. En ‘El caballero silencioso y otros relatos’, de Robert Fisher, la persona que donó el libro dejó una dedicatoria que reza, “Este libro es solo temporalmente de quien lo encuentre y lo lea. Al terminar de leerlo, el lector deberá permitir que este libro siga su camino...”.

El diseñador de las Andotecas es el artista Pablo Ayala. Él tomó la decisión de que las nuevas bibliotecas mantengan su diseño original. Ayala usará materiales a los que imprimirá una estética más pulida que soporte la lluvia, la luz solar y la intemperie.

Para él, este proyecto es la oportunidad de crear ciudadanía y fomentar el respeto al uso del espacio público. “Con las Andotecas hemos comprobado que sí es posible tener otro tipo de transacciones que no sean solo la compra y la venta. Estamos apostando por un sentido de respeto al otro a través de los libros”.

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