19 de julio de 2016 00:00

 80 años después, la Guerra Civil española deja de ser memoria viva

guerra civil española

Imagen de 1936 que podrá verse en una instalación fotográfica, uno de los actos con los que se recuerda este hecho. Foto: Ivonne Guzman/ Agencia EFE

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Agencia EFE

Ochenta años después del inicio de la Guerra Civil española, la mayoría de la población la considera un hecho histórico más, mientras que quedan pocos testigos vivos que puedan contar su experiencia.

Pocos españoles de hoy vivieron aquel 18 de julio de 1936, cuando el general Francisco Franco, junto a otros militares, se sublevó contra la República.

Al triunfar la sublevación solo en una parte de España, desencadenó una guerra civil que se prolongó hasta el 1 de abril de 1939, que causó cientos de miles de muertos -no hay unanimidad sobre las víctimas entre los historiadores-, así como la miseria para los supervivientes.

Además, provocó el exilio de miles de personas, 600 000 según fuentes de la exposición El Exilio Español, organizada en 2002 por la Fundación Pablo Iglesias, muchos de los cuales fueron a América Latina.

Haciendo honor a los versos de Antonio Machado: “Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios./ Una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón”, el país se rompió en dos y después de más de tres años en guerra, sufrió casi cuarenta de dictadura, período conocido como franquismo.

La Guerra Civil fue el primer enfrentamiento armado de las dos principales ideologías del siglo XX: el comunismo y el fascismo; y el suelo español fue el escenario elegido para la lucha. Por esta razón, la contienda contó con una importante participación internacional.

Tropas italianas de (el dictador Benito) Mussolini y alemanas, enviadas por el alemán Adolfo Hitler llegaron a España para ayudar a los sublevados, llamados el bando nacional.

La aviación alemana provocó uno de los hechos más luctuosos de la guerra: el bombardeo de Guernica (norte), que destruyó la ciudad y se convirtió en el primer ataque contra una población civil.

De gran impacto internacional, este ataque fue recogido por el pintor Pablo Picasso en su cuadro Guernica, que durante muchos años fue un símbolo para los progresistas españoles; hoy se lo puede ver en el Museo Reina Sofía, dedicado al arte contemporáneo.

Por la parte republicana, vinieron a combatir en sus filas las llamadas Brigadas Internacionales.

Se calcula que hasta 35 000 brigadistas de todo el mundo llegaron a España a combatir por la República, algunos de ellos escritores e intelectuales conocidos, pero en su mayoría jóvenes anónimos.

Ochenta años después, quedan pocos testigos de esa guerra. Es el caso de Ángeles Flórez Peón ‘Maricuela’, una de las pocas milicianas (mujeres que lucharon por la República), presidenta honorífica de las Juventudes Socialistas de Asturias (norte).

Recuerda “con tristeza”, a sus 97 años, en una conversación con la prensa, el día del que ayer se cumplieron ocho décadas porque, dice, “no sirvió para absolutamente nada”. En su caso, el inicio de la Guerra Civil supuso que tuviera que alistarse en el frente y pasara cuatro años en prisión y 57 en el exilio en Francia.

Otros no hablan con voz propia, sino por la de sus hijos, como Luisa Murciano (Madrid, 1927) que le habla a su hijo Luis Montejano, de “miedo, desabastecimiento y mucha hambre” en el Madrid de la guerra.

Sin embargo, a pesar de que han pasado ocho décadas, la sociedad española tiene todavía una deuda pendiente con las víctimas de la guerra, la recuperación de miles de cadáveres, la mayoría víctimas del franquismo, que aún se encuentran enterrados en cunetas, barrancos o bajo tapias de cementerios.

Desde el año 2000, que se creó la Asociación Española para la Recuperación de la Memoria Histórica, hay un movimiento en España a favor de recuperar la memoria de los perdedores de la Guerra Civil y las víctimas del franquismo.

El objetivo fundamental es dignificar la memoria de las víctimas, facilitando la identificación de las fosas comunes y las exhumaciones de los cadáveres y solicitando la anulación de los juicios políticos sumarísimos que se hicieron sin las mínimas garantías y poder cerrar definitivamente las heridas de la guerra.

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