Alfredo Negrete

El Vaticano y Venezuela

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La importancia internacional del Vaticano, más allá del área estrictamente religiosa, y por ende con incidencia en el desarrollo de los procesos mundiales, nace con los tratados de Letrán de 1929. Este instrumento permitió a la Iglesia Católica, no solo 44 kms cuadrados de soberanía para el Estado Vaticano, sino una presencia única en el escenario mundial, incluso en la Organización de Naciones Unidas sin voto. No existe en el conjunto de las iglesias universales una situación similar.

En América Latina su labor ha sido gravitante en favor de los derechos del pueblo y la democracia. Evolucionó desde la época colonial y periodos posteriores, cuando se encontraba enclaustrada en su práctica religiosa, pero activa en la cúspide junto a un poder económico elitista y el brazo militar.

Esto cambió a raíz del Concilio Vaticano II y la emergencia de movimientos católicos de izquierda, como la Teología de la Liberación.
Para recordar uno de los hechos más importantes de su renovada misión, gracias a su arbitraje se evitó una guerra entre Chile y Argentina por la disputa de los límites en el canal el Beagle. Luego, en plena dictadura de Pinochet, fue clave la visita del papa Juan Pablo II. Trasmitió un mensaje de esperanza a miles de jóvenes reunidos en el parque Cousiño de la capital y prendió la esperanza de alcanzar el fin del cautiverio de terror. Sus palabras alentaron el triunfo del No, la derrota electoral de la dictadura y la concertación por la democracia que se mantiene hasta la actualidad. No puede dejar de destacarse en los últimos tiempos la sutil gestión que coadyuvó a la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, así como su presencia en los arduos diálogos entre Colombia y las FARC.

¿Porque fracasó el Vaticano en Venezuela? Han existido, entrevistas, audiencias en la sede papal y repetidos intentos de mediación. El resultado es negativo. El madurismo llegó a consolidarse, incluso hasta instalar una espuria Asamblea Constituyente; se debilitó la masiva resistencia civil en las calles y se enredó la principal fuerza opositora que es la Mesa de la Unidad Popular. No se comprendió la estrategia de la dictadura venezolana que consistía en prolongar los diálogos y consolidar al régimen. Nunca pesaron las víctimas.

En el balance internacional, el Vaticano se ha hecho acreedor a éxitos y también a fracasos. De estas experiencias vale destacar algunas: a.- La mediación, debe estar precedida de un conocimiento profundo de los escenarios; b.- Siempre actuar con protagonistas calificados e independientes a nivel mundial, y c.- Eludir, hasta las etapas finales, la interlocución del Pontífice con el jefe del Gobierno.

Por eso en la actualidad al Vaticano no le queda más que una tenaz confrontación ideológica. Así sucedió con la lucha del sindicato Solidaridad en Polonia y cuando se auto destruyó la Unión Soviética. Hay que evitar que Maduro y Cabello se persignen, mientras sonríen satisfechos.

anegrete@elcomercio.org