Gonzalo Maldonado

La reelección a consulta

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9 de March de 2014 00:01

 La reelección indefinida de este ni de ningún otro presidente es conveniente para la vida política del país. Una figura como aquella acabaría con el principio de alternabilidad que obligatoriamente debe tener un sistema político democrático.

El principio de alternabilidad dice que el poder nunca debe ser detentado permanentemente por una sola facción, sino que debe existir la certeza de que ese poder eventualmente será manejado por distintos grupos sociales.

La certeza de que en algún momento el sector opositor será Gobierno hará que esa labor de oposición sea más constructiva y civilizada -es decir más democrática- porque los opositores no tendrán interés en sabotear el trabajo de un aparato institucional que más tarde será administrado por ellos.

De igual forma, los grupos que gobiernan hoy tendrán un incentivo para manejar correctamente los asuntos públicos porque sabrán que mañana vendrá alguien más con la capacidad de enmendar lo que se ha hecho.

El principio de alternabilidad es esencial para promover un verdadero civismo en el ejercicio de la política e impedir que el poder se convierta en el instrumento exclusivo de unos pocos, para satisfacer sus ambiciones personales.

Por último, la certeza de la alternabilidad introducirá un incentivo para que las distintas facciones abandonen esa "política de enemigos" que han venido practicando desde la época de Velasco Ibarra y transiten hacia una "política de adversarios", una que no solo tolere la presencia del opositor, sino que incluso la vea necesaria y conveniente.

Por todas estas razones, la sociedad ecuatoriana debería oponerse a que este régimen pase una enmienda constitucional que viabilice la reelección. Si es que este Gobierno insistiera en aquel tema, el único camino para zanjar semejante dilema debería ser mediante una consulta popular.

Este régimen ha dicho con insistencia que la única y más efectiva manera de gobernar es consultando "al soberano" -como le dio en llamar a los votantes- y así lo ha hecho en distintas ocasiones.

En plebiscitos anteriores se nos ha consultado hasta sobre la conveniencia de las peleas de gallos. Como es obvio, la reelección de autoridades como el presidente o los alcaldes es un asunto de mayor trascendencia para la vida de todos los ecuatorianos.

Este tema sí que merecería un escrutinio detenido y un debate amplio en el que participen todos los ciudadanos. Sobre este asunto sí que valdría la pena que los votantes se pronuncien en las urnas.

Así que sería contraproducente para la legitimidad de este régimen y de su proyecto político que esta vez el Ejecutivo evite hacer una nueva consulta y decida autorizar la reelección mediante un simple trámite legislativo.