Julio Echeverría

Redes sociales

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
30 de September de 2012 00:01

Por invitación de EL COMERCIO, un grupo de editorialistas y miembros de su redacción tuvieron la oportunidad de reflexionar sobre aquello que ahora en el mundo es materia de discusión. ¿Son las redes sociales (Facebook, Twitter, Linkedin, Instagram, etc) un nuevo campo de integración de la vida social? ¿Es una vía paralela a los medios de comunicación tradicionales? ¿Es un campo instrumental al cual se puede acceder voluntariamente (estar o no estar en la red), o es ahí donde actualmente acontece indefectiblemente la comunicación?

El tema nos instala en una primera constatación: la comunicación es sinónimo de sociedad. Es impensable la misma existencia de la sociedad sin la comunicación, que a su vez sucede en el campo del lenguaje. Es en la comunicación y en el lenguaje donde los actores sociales se constituyen; el lenguaje no es un instrumento al cual acuden; es, como dijo el filósofo alemán Martin Heidegger, “la casa del ser”. Las redes sociales nos ponen más directamente en contacto con esta idea fundamental. No hay vida social que no esté atravesada por la comunicación, las tecnologías actuales potencian esa condición humana ‘natural’.

Las redes sociales llevan al extremo esta premisa, responden a una demanda de comunicación que es cada vez más intensa y que aparece como una verdadera compulsión colectiva. Para muchos, las redes sociales exigen un uso limitado del texto (no más de 140 caracteres en el Twitter), imágenes que sustituyan a conceptos. La riqueza de los contactos personales se debilita, pero se gana en precisión y capacidad selectiva; la comunicación se descubre también como un espacio de relajación lúdica.

La pregunta es si las redes sociales favorecen la comunicación o la acotan y reducen a un efecto virtual meramente mediático. Las redes sociales potencian y diseminan ideas, contaminan lenguajes, conectan a seres anónimos en algo que podría bien concebirse como hipermodernidad. La reducción aforística a frases e imágenes supremamente acotadas, delata la fragmentación de la vida social. Esta aparece en su extrema riqueza, pero a su vez no exime al actor social de la incertidumbre que caracteriza a todo acto comunicativo; emerge la sospecha de saber si se está verdaderamente comunicado, le asalta también el deseo de experimentar la vida de carne y hueso, su contacto en la red reclama del acercamiento de las miradas y de las voces de las experiencias vividas.

La red es también masa interminable de informaciones. El genio del aforismo Karl Kraus decía, refiriéndose a esas novelas de una extensión infinita de páginas, “de donde saco tanto tiempo para no leer tanto”; ese aforismo ahora bien podría aplicarse también a la extensión infinita de mensajes que cotidianamente nos trae la red.