Francisco Carrión Mena

Lindo y querido

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Sí, así es México, ese gran país que tanto nos ha dado y que está siendo tratado de manera infame por el nuevo presidente de los Estados Unidos.
Cierto es que en 1990, cuando se unió al NAFTA, decidió ser un país "norteamericano" en el ámbito comercial junto con Estados Unidos y Canadá. Mucha era la tentación, equivocada por cierto, de formar un mercado libre con el país más poderoso del mundo y crear una alianza que supuestamente le traería prosperidad. Pero no por esa vinculación puramente económica, México dejó de ser un país latinoamericano. Sus raíces, idioma, cultura no desaparecen con la simple firma de un papel.

Las primeras decisiones de Trump han sido contra su vecino del sur, su supuesto aliado, en coherencia con lo dicho en campaña, que los mexicanos eran delincuentes, violadores y narcotraficantes. Ha resuelto construir un muro para impedir su ingreso y deportar a los indocumentados; ha impedido inversiones norteamericanas y ha anunciado la imposición de aranceles a los productos de México para pagar el muro. Detrás de estas medidas no está solo la economía pues afectarán a sus propios consumidores, se esconden el racismo y la xenofobia.

México necesita ahora del apoyo de sus hermanos del sur y, por supuesto, del cumplimiento de las normas que regulan las relaciones internacionales. Para ello requiere, primero, de un liderazgo sabio y firme interno y de la unidad de su pueblo.
Todos los países de América Latina y el Caribe están obligados a rechazar las medidas anunciadas. Olvídense del tuit y exprésense con formalidad y seriedad. La famosa CELAC, ahora puesta a prueba, no solamente debe manifestar su respaldo a México sino actuar acorde con la gravedad de la situación. La OEA, de la que es parte Estados Unidos, no limitarse a las apáticas declaraciones de su Secretario General, sino actuar institucionalmente conforme a su Carta. Se trata de una grave controversia entre dos de sus miembros. Y la Comunidad Iberoamericana, por sus comunes raíces y cultura, tiene que solidarizarse frontalmente con México. Son duros golpes contra la Comunidad, y España, su principal valedor, se ha pronunciado con una benignidad patética. ¿Sirve para algo la Segib? Ahora tiene la oportunidad de demostrarlo.

Argumentos jurídicos sobran para desechar las propuestas de Trump. Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos hasta normas comerciales globales pasando por instrumentos específicos internacionales y regionales.

México es lindo, lo sabemos, demostremos ahora que también es querido con acciones solidarias y no con meras declaraciones por simples redes sociales. No aceptemos las demenciales decisiones nacional-capitalistas de Trump. Todos queremos vivir juntos y en paz, sin amenazas.