Farith Simon

Mal perdedor

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Asumamos que Moreno recibió suficientes votos para ganar -estrechamente- las elecciones. Solo por un momento, aceptemos que las discrepancias en las actas son errores, simples errores de ´buena fe’, y que no existió problema alguno con el sistema informático.

Pese a esto, no me atrevo a calificar a Lasso como mal perdedor, porque asignarle este calificativo implica asumir que existen buenos ganadores, que obtuvieron el triunfo en una limpia lid democrática, que siguieron las reglas, que respetaron los límites establecidos por un marco normativo que el mismo partido en el poder aprobó; y que las instituciones encargadas del control electoral asumieron su rol y las hicieron cumplir.

No. Esto no pasó. Nunca existió equilibrio en la campaña. La idea de que se usó un embudo refleja lo sucedido: por la parte ancha se filtraron las acciones de Alianza País, por la angosta las de la oposición.

El Presidente se dedicó varias semanas a inaugurar una obra tras otra, concentrándose en aquellos lugares en los que los candidatos oficiales querían fortalecer su presencia electoral. Esto –la inauguración de obras en campaña electoral- está prohibido expresamente, pero una Corte que consistentemente ha favorecido a quien ejerce el poder, permitió que se lo haga y que, además, se utilizara la ocasión para atacar directamente al candidato opositor y promover de forma desembozada al del partido de gobierno.

No hubo un solo llamado de atención, ninguna señal de que esa práctica era inaceptable en el contexto de un proceso electoral.

Los medios bajo control del gobierno usaron cada espacio posible para promover las propias candidaturas y atacar a las otras, llegando a situaciones inverosímiles en sus titulares, noticias estelares y cobertura de los actos de campaña.

El aniversario del feriado bancario se usó para atacar directamente a uno de los candidatos, se proyectaron documentales, se difundieron especiales y se publicaron notas de prensa.

Muchas personas recibieron llamadas telefónicas en nombre de instituciones públicas, en las que se difundía mensajes de temor, de amenaza; nos decían que perderíamos el seguro social, los servicios de salud o cosas parecidas, si el triunfador era Lasso.

Nunca se detuvieron esta y otras formas indebidas de intervención; recibieron un evidente aval en el silencio del ente controlador.

Se ha naturalizado tanto el uso de los recursos estatales por parte de un partido político para sus fines, que hemos llegado al punto en que muchas personas honestas, inteligentes y sensibles, lo asumen como normal y no se indignan ante el uso desvergonzado de los recursos públicos para fines particulares.


Lo que existe son unos malos ganadores. De confirmarse el triunfo de AP, triunfaron sin respetar reglas de juego básicas. Victoria que podría no ser resultado de un fraude en tanto no se alteraron votos, actas o el sistema informático, pero que se obtuvo sin respeto a la ética y a la ley. Poco que festejar y poco de qué enorgullecerse.