Grace Jaramillo

La batalla por Venezuela

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¿A alguien le sorprende que 2000 o más venezolanos golpeen las puertas del Ecuador diariamente pidiendo asilo? ¿O que más de 150 000 venezolanos lo hayan hecho ya en Colombia? Creo que a nadie. Todos sabíamos en América Latina que el autoritarismo del régimen chavista, conjugado con su trágico manejo económico iban a causar una tragedia humanitaria tarde o temprano.

Sin embargo, la historia no tenía porqué escribirse de esta forma. Si bien el entonces presidente Hugo Chávez sufrió un golpe de Estado que incluyó un paro petrolero en el 2002, él tenía la opción de optar por más democracia y más imperio de la ley. El optó por el camino contrario: no sólo concentró todos los poderes del estado bajo su égida y dirección personal (eso lo hicieron en mayor o menor medida Correa, Morales, los Kirchner) si no que armó a miles de sus seguidores por si alguien trataba de poner en duda su mandato. Para el 2004, el International Crisis Group, organización sin fines de lucro que hace estudios para prevenir y alertar sobre posibles crisis internacionales- advirtió que “al armar Chávez 170 000 civiles que no siguen ninguna cadena de mando, excepto su designio”. Eso sin contar con la sistemática politización de la policía y fuerzas armadas venezolanas tras el golpe militar del 2002. El entonces Presidente venezolano estaba incubando un escenario de violencia extrema –si no una guerra civil- en el mediano plazo.

Quienes dicen –como la actual canciller ecuatoriana- que “le preocupa la violencia opositora” y no se han molestado en leer informes internacionales de organismos serios de prevención de conflictos, disponibles en línea desde el 2002, deberían sentir vergüenza, ya sea por su demostración de cinismo o por su alegoría a las más vetustas estrategias de propaganda estalinista que datan de principios del siglo XX (estamos en el XXI).

Ecuador no ha sido el único cómplice del desastre de Venezuela. Todos los países de América Latina -por conveniencia, por comodidad o por simple interés económico como las islas-colonia de Petrocaribe- se volvieron sordos y ciegos frente a la tragedia venezolana. Cuánta responsabilidad tienen Lula, Dilma, Bachelet, los Kirchner, de hacerle la corte al chavismo para “quedar bien” con una izquierda facistoide (parece un oxímoron, pero en este caso no lo es). Claro que se podía hacer algo. América Latina debía presionar a la OEA o a la ONU para buscar una salida democrática y no dar la espalda a los venezolanos ó con su quemeimportismo ó con su flagrante complicidad, como cuando diluyó el problema en Unasur y CELAC para darle tiempo a Maduro con el sainete de mediación que lidera Rodríguez Zapatero. Así este domingo, con elecciones de por medio, se declare constitucionalmente dictador. ¿Asumirá Lenin Moreno su responsabilidad y la de su partido en esta tragedia y albergará a los refugiados de su hermano régimen albista?