Milton Luna

El inicio de clases

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1 de September de 2012 00:03

Este inicio de clases es agridulce. Para muchos niños y jóvenes y sus familias es dulce: retornar con ilusión a las aulas, ver a compañeros queridos luego de la playa, campo, o simplemente del disfrute del merecido descanso en la casa o el barrio. Para otros que en las últimas semanas vivieron el calvario de conseguir un cupo es agrio, combinado con bronca y cansancio por el maltrato vivido luego de tanto peregrinaje y humillación por el acceso a la educación.

Para otros tantos, continúa el drama y la desesperación porque el cupo nunca llegó. El destino de esos chicos y chicas es el trabajo infantil, la desocupación, la calle o las pandillas. Y es que para estos nuevos parias ni siquiera el colegio privado “barato” es una opción, por carecer de recursos económicos o por tener una nota menor a 17/20. Así muchos adolescentes pobres no podrán estudiar. ¿Quién se hace responsable por las nefastas consecuencias en estas jóvenes vidas que están al borde de ser perdidas? ¿Saben y son conscientes de todo esto las más altas autoridades del Ministerio y del Gobierno?

En este nuevo año escolar se perfila con mayor precisión un proyecto educativo excluyente, competitivo y controlador regentado por una burocracia central superpoderosa, contradictoria, con buenas intenciones y aciertos pero con inconsistencias y errores. Las señales más visibles de este modelo son las evaluaciones estandarizadas, la exhibición morbosa y pública de sus resultados que divide al Ecuador entre “genios” y “brutos” y la obsesión por dar preferencia y privilegios a las notas altas: 18, 19 y 20. Los pobres, los que tienen los peores colegios o no los tienen, los que tienen malas notas, por decreto oficial son obligados a seguir siendo pobres. ¿Dónde quedó el derecho a la educación, la equidad y el Buen Vivir? ¿En qué queda la Constitución?

No hay que perder la esperanza. Hay que movilizar a la ciudadanía para que exija sus derechos.

Hay que pedir a las autoridades retomen los grandes ideales que están en la Constitución y hagamos juntos realidad sus mandatos (un interesante ensayo de un acuerdo Estado-Sociedad por la educación se cocina en el territorio Kayambi). Es hora de evaluar en serio el Plan Decenal como paso previo para la construcción colectiva de un nuevo Plan Educativo hacia el 2021 y de un proyecto con enfoque de derechos hacia el 2050.

En este inicio de clases no hay que olvidar el dolor y daño ocasionado a tantos hogares debido a medidas poco meditadas y diseñadas por la fría insensibilidad tecnocrática que poco conoce la realidad.

Siempre hay que tener fe en la humanidad de la gente. Esperemos que el cambio de políticas, si se da, no sea regido por la lógica electoral: es posible que muchas de las familias afectadas no volverán a votar por Alianza País. ¿Esa será la respuesta al dolor?