Farith Simon

Misoginos y “feminazis”

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Con un espacio de pocas semanas he conocido casos de chicas violadas por personas de confianza, de su entorno, quienes consideraban sus amigos, con quienes salían de fiesta, a comer, pasear, conversar. Actividades normales, sin riesgo aparente, nada que les haga desconfiar o protegerse. Contextos y escenarios distintos, situaciones parecidas. Una bebida, pérdida de conciencia y violación.

En todos los casos las víctimas sintiéndose culpables, avergonzadas, paralizadas por la sorpresa y el miedo, no denuncian o demoran la denuncia, cuando lo hacen son acusadas, no les creen, les culpan.

Alessandro Padovani, especialista en trabajo con jóvenes delincuentes, en una conferencia mostraba su preocupación por el incremento de violaciones, en algunos países europeos, a chicas jóvenes por parte de sus iguales. Contaba las muchas dificultades que existen para trabajar con los agresores. La mayoría no expresaba arrepentimiento, algunos incluso sentían orgullo de lo hecho, para ellos no se trata de lo sexual, es una demostración de poder, control y dominación. Para complicar más las cosas, las familias de los abusadores justifican lo hecho culpando a la víctima: ella se expuso, ella quería.

Muchas personas de su entorno, al conocer lo sucedido, les culpadban y les pedían pensar el “daño” que le hacían al abusador, que siendo jóvenes como ellas, “tenían una vida por delante”, la que se acabaría por la denuncia, un “error”, que no era para tanto.

Lamento decir que en los casos que conocí pasaron cosas muy similares, las chicas, además de sufrir el abuso, han tenido que enfrentar a la negligencia, desidia e incompetencia de las autoridades llamadas a protegerlas, al tiempo que se sentían culpables y señaladas por lo sucedido.
Parecía, solo parecía, que la sociedad estaba cambiando de forma definitiva, pero cada vez hay más personas que acusan, a quienes reivindican el derecho a la igualdad de las mujeres y denuncian las relaciones de poder que están detrás de todo esto, como feministas peligrosas, “progres” desubicados, neomarxistas, a los que les dicen buscan reemplazar la lucha de clases por la lucha de género, defendiendo el colectivismo, cuando al contrario la defensa es del valor y la importancia de cada ser humano.

Femicidios, violaciones y maltrato no son hechos anecdóticos, la información disponible demuestra que responden a percepciones de lo masculino y lo femenino. No afirmo que los hombres, todos los hombres, violen o que todas las mujeres sean víctimas, pero las mujeres enfrentan mayores riesgos en sus relaciones personales por ser mujeres, como los hombres corren más riesgos porque existe una forma de entender la masculinidad que les empuja a exponerse constantemente en actividades riesgosas.

Pueden empeñarse en negar que existen delitos asociados al género, ridiculizar o minimizar el discurso feminista, pero existe una realidad que debe ser enfrentada. La misoginia ha tomado nuevas formas, nuevos rostros, incluso buscan apropiarse del discurso de los derechos y la igualdad.