Sensatez electoral

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El jueves a la medianoche termina la campaña electoral, la más intensa de esta década. Las elecciones son el domingo y habrá que esperar los resultados para saber si hay una segunda vuelta.

La confrontación de tesis, y muchas veces el tono altisonante de los discursos, son habituales en una contienda política, máxime si se trata de una elección presidencial y de la definición de los escaños en la Asamblea Nacional.

Una década de confrontación y descalificación ha sembrado una atmósfera poco propicia para el debate de ideas, el diálogo y la discrepancia civilizada. Pero en este final de campaña han aparecido síntomas preocupantes que sobrepasan la confrontación normal.

Algo que podría verse como un natural deseo por triunfar se ha empañado a consecuencia de la campaña sucia, con calumnias e insultos divulgados especialmente por redes sociales, incluyendo ‘hackeos’ a plataformas y medios. Se trata de hechos repudiables.

El altercado ocasionado ante una pregunta de un colaborador de un medio de comunicación gubernamental que incomodó a un candidato de oposición no se justifica. Merecen repudio también las amenazas e intentos de intimidación a quienes expresan sus puntos de vista en plataformas digitales.

Discrepar, criticar, es sustancial a la democracia. No se trata, por cierto, de la primera vez que se usa la mentira para descalificar a los rivales, pero hoy se cuenta con más herramientas. Nuestra frontal condena al juego sucio.