Moreno: no al ELN

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El presidente Lenín Moreno fue claro. Ordenó que en Ecuador no continúen los diálogos de paz entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

La lógica se impone: mientras continúen las acciones terroristas, el Ecuador no será sede del diálogo. El ELN -un grupo armado que secuestra, usa explosivos contra instalaciones civiles y ataca a las fuerzas del orden de Colombia- mantiene algo más de 1 300 hombres armados al margen de la ley.

Es más, en noviembre, las autoridades de seguridad colombianas ocuparon unas instalaciones de procesamiento de cocaína y un millonario cargamento en poder de una facción de ese grupo.

En los medios públicos apareció un mapa con etiquetas de grupos ilegales y delictivos, entre ellos varios del ELN en Nariño, zona próxima al Ecuador. En esa zona, donde el Ejército colombiano adelantó una ofensiva cuando los guerrilleros rompieron el alto el fuego en enero, están instalados los insurgentes.

El de nuestra frontera norte no es, como dijo el delegado del ELN para el diálogo, un problema provocado solo por el narcotráfico mexicano. Ahí se han producido los asesinatos de nuestros periodistas e infantes de marina y dos secuestros más hace pocos días.

Ecuador ha acompañado el diálogo, pero en esta hora en que su suelo ha sido vulnerado y la vida de varios ciudadanos ha sido arrancada en medio de una gran violencia, parece acertado no dar cabida a grupos armados ilegales.