EE.UU. y el ataque aéreo

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El Presidente de los Estados Unidos tomó una decisión. Empezó el bombardeo a los sitios ocupados por la fuerza por el grupo terrorista Estado Islámico (EI).

El primer ataque fue en territorio sirio y otros objetivos militares se centraron en Iraq. En ambos Estados, los estragos causados por el grupo terrorista -la muerte, la destrucción, la ocupación y el control- han sido significativos.

Siria enfrenta al grupo sunita desde la visión de una nación con Gobierno tiránico laico. Varios de los grupos rebeldes de su sangrienta guerra civil son de orientación religiosa. La factura de esa guerra, que no terminó cuando sobrevino el anuncio del califato en ciernes desde el Estado Islámico, es de 300 000 muertos.

Para Iraq, la situación es particularmente compleja, ya que su aparato militar fue destruido por los soldados estadounidenses en la ocupación para derrocar a Saddam Hussein. El Gobierno aliado ha lanzado otro SOS a Washington ante la aparición del EI.

Para el presidente Barack Obama, la decisión fatal, precipitada por las decapitaciones del grupo terrorista, lo vuelven a poner al frente de otra incursión militar, esta vez aérea, con bombardeos que buscan debilitar la posición estratégica de EI y marcar otra cancha geopolítica. A esta tesis se suman aliados europeos y otros países vecinos.

Obama, quien bregó por sacar las tropas de Oriente Próximo, vuelve a la guerra frente a las críticas de sus opositores republicanos que demandaban una acción frontal y oportuna.