Reflexión y tolerancia

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Como pocas veces se habrá visto, una visita pastoral como la que trae hoy al Ecuador al papa Francisco genera un espacio de reflexión indispensable.

Pese a los persistentes llamados de la jerarquía de la Iglesia Católica a una tregua necesaria, el nivel de confrontación llegó al uso de la fuerza en las manifes­taciones del jueves por parte de ciudadanos y de la Policía.

Las protestas detonaron a raíz de dos leyes polémicas, las de herencia y de plusvalía, pero pese al anuncio presidencial del retiro temporal de esos proyectos, las demostraciones actualizaron viejas tensiones y conflictos.

La cada vez mayor intensidad de las protestas, sus repercusiones en varias ciudades y el origen diverso de los manifestantes, muestran la realidad de un país polarizado por la política.

La virulencia verbal expresada en el maltrato a los opositores no amainó con el anuncio de un diálogo donde, desde el poder, se quiere catalogar a los convocados desde una visión unilateral y subjetiva. Mientras ya llegan voces foráneas, como la del Secretario General de la OEA, para pedir a Gobierno y a
oposición sentarse a dialogar, hay temas fundamentales. Uno de ellos es la no violencia y otro es la preservación de la democracia, para que el Presidente termine su mandato el 2017.

Es importante, para vivir un espacio de armonía, que el Régimen acepte sus errores, así como las virtudes y complejidades de una sociedad diversa y plural.

Quizá la voz del Papa abone a esa idea.