CIDH y los no contactados

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Los pueblos no contactados de la selva oriental ecuatoriana han sufrido un proceso de transformación por el choque abrupto de civilizaciones distintas y distantes.

Para el caso de los Tagaere y Taromenane, familias de la etnia Huaorani, descendientes de antiguos guerreros y hoy pueblos nómadas y cazadores, este choque ha sido particularmente traumático.

Cabe entender, además, que la particular relación de estos pueblos con una naturaleza agreste, fecunda y vasta, y la propia interacción humana no han sido cosa fácil ni exenta de conflictos.
Hace casi 11 años una matanza acabó con un número indeterminado de taromenanes (entre 12 y 26, según estimaciones). Las muertes violentas entre estos pueblos guerreros se volvieron a perpetrar en los años 2006 y 2013.
El Estado se ha mostrado impotente para actuar en el tema con la celeridad esperada frente a dificultades evidentes.

La Comisión Interamericana para los Derechos Humanos, con sede en Washintgon, que se ha tomado largos 11 años para admitir el caso a estudio, podría tardar, según expertos, alrededor de un año más para emitir un fallo. Solo entonces el tema podría pasar a la Corte Interamericana para los Derechos Humanos, con sede en Costa Rica.

Queda saber si el Estado ecuatoriano, señalado por los informes, aceptará defenderse o ignorará este proceso. Mientras tanto, los pueblos no contactados inmiscuidos en la polémica siguen su vida natural en una zona que se vuelve cada vez más vulnerable.