Enfoque internacional

La crisis en Brasil

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Sebastián Borja Silva
Columnista invitado

Brasil atraviesa en este instante una profunda crisis política y económica. Lo que sucede allí es un asunto que no solamente atañe a los brasileños sino a toda la región, debido a su innegable importancia en las economías vecinas y su decisiva influencia política en Latinoamérica y el mundo.

El gigante sudamericano tiene una población de más de 200 millones de habitantes. Su Producto Interno Bruto supera los 2.2 billones de dólares, esto es 22 veces el PIB ecuatoriano. Las exportaciones van más allá de los 225 mil millones de dólares y sus importaciones son alrededor de 229 mil millones de dólares.
Sin embargo, Brasil sufre en este momento una evidente contracción económica que produjo hace pocos días una segunda ola significativa de protestas antigubernamentales.

El desempleo tiende a aumentar. El elevado índice de inflación se ha constituido en uno de los principales obstáculos para generar uncrecimiento económico más dinámico.

De acuerdo con recientes encuestas en el sector privado brasileño, solamente el 27% de empresas piensa aumentar su inversión, frente al 31% que va a reducirla. Según las mismas encuestas, es la primera vez en mucho tiempo que el porcentaje de empresarios que reducirán sus inversiones supera al de aquellas que las aumentarán. El panorama para el sector empresarial es incierto e incluso pesimista.

En un mundo caracterizado por la permanente interacción comercial, cuando una economía como la brasileña tiene problemas, trae sin duda consecuencias directas e indirectas a terceros países. Brasil es la economía más grande e importante de la región.

Si Brasil deja de comprar o compra menos, afecta gravemente a muchos países exportadores. Argentina es claro ejemplo de lo dicho, debido a la enorme y permanente dependencia que tiene respecto del mercado brasileño. Más del 20% de las exportaciones argentinas va a Brasil, quien se ha constituido en un dinamizador irreemplazable de la industria argentina, particularmente del sector automotor.

En el caso del Ecuador, la dependencia del mercado brasileño es menor, aunque nuestras exportaciones a Brasil en el 2014 sobrepasaron los 130 millones de dólares. Existen importantes productos ecuatorianos que se envían a Brasil, como pescado, madera, tejidos, chocolates y otros. Esas exportaciones hay que cuidarlas, sobre todo en este momento de necesidad urgente de aumento de oferta exportable.

Es necesario mirar de manera permanente lo que ocurre con nuestros vecinos y socios comerciales. Queda claro que la recesión de la economía brasileña, más el evidente debilitamiento político de su gobierno, son fenómenos que impactarán severamente a América Latina. El Ecuador debe estar atento y seguir muy de cerca estos acontecimientos, con el fin de minimizar los riesgos de sus exportaciones e identificar las oportunidades que toda crisis como la anotada presentan.