María Cárdenas R.

Corrupción

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15 de July de 2011 00:01

La palabra corrupción es común en el idioma diario. Se la escucha en todas sus conjugaciones y formas; hablando sobre el gobierno, las municipalidades, instituciones. Se asegura a diestra y siniestra, que no se puede vivir sin que nos toque en algún momento. Pero, ¿qué es la corrupción? ¿Cómo se origina? Y más importante, ¿cómo se la frena definitivamente?

Descubro que quienes la comentan, generalmente, la han practicado. Aseguran que se ven obligados porque de otra manera los temas no caminan, es decir, no se salvan de ella. La verdad duele. Se han convertido en corruptores y quienes reciben su dinero o regalos, son los que se permiten ser corruptos. Así, la cadena se construye. Vivimos en una sociedad corrupta, sin el tráfico de influencias, el cruce de coimas, los regalitos e invitaciones, los servicios no funcionan. ¿Será tan cierto?

Quienes conforman una sociedad, tienen derechos tanto como obligaciones. Los unos obligan a las otras. Derecho a ser servidos y tratados justa y respetuosamente. Pero tienen la gran obligación de conocer sus obligaciones, valga la redundancia, o, en otras palabras, las leyes y normas, ya que la ignorancia de ellas no los exime del cumplimiento de las mismas. Si rompemos el pico y placa, aun por descuido, la obligación es pagar la multa y no al policía para que no se lleve el auto. Si construimos un edificio y no cumplimos con las normas, por más caprichosas que estas nos parezcan, el planificador y constructor deberán pagar la deuda con la sociedad por no hacerse a ellas y no al inspector que impone la multa. Si no tenemos un documento en regla y por ello no podemos cumplir con un requisito, la falla está en pagar bajo la mesa al funcionario que la reclama. Ejemplos habrán millones y nunca pararán pero, los únicos que pueden parar la corrupción son los emisores de la misma y de manera simple, ajustándose a la ley, conscientes de ella.

Es hora, de que como en otros países, cumplamos nuestras obligaciones sin necesidad de sanciones por no hacerlo, conscientes de las imperfecciones de los servicios lentos e ineficaces. Conduzcámonos, no sólo en el tráfico, sino en las diligencias que debamos realizar con rectitud, para no dar pie a que exista la posibilidad de ser tentados por la corrupción.

La corrupción que vivimos nos permite creer que si un funcionario recibe coimas es corrupto, pero quienes las dieron se salvan mágicamente del calificativo. Reflexionemos, tenemos el arma en nuestras manos, este es el momento justo para proponernos otra manera de vivir, cumpliendo con nuestras obligaciones y cortar el círculo de la corrupción. Aquí los responsables somos quienes conformamos la sociedad y es el momento de actuar.