Alicia Bárcena

Cambio progresivo con miras al 2030

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Secretaria Ejecutiva de la Cepal

El mundo vive hoy un cambio de época. El aumento sin precedentes de la desigualdad global, los efectos cada vez más agudos del cambio climático y la revolución tecnológica que multiplica capacidades y amaga el empleo, señalan que el estilo de desarrollo imperante se ha vuelto insostenible.

Estos desequilibrios movilizan a la comunidad internacional, que ha planteado una hoja de ruta al año 2030, una Agenda para el Desarrollo Sostenible que refleja la amplitud y urgencia de los desafíos globales y que pone al combate a la desigualdad en su centro.

Materializar los objetivos de desarrollo sostenible exige poner en marcha y consolidar instrumentos específicos para su implementación. A este efecto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) propone complementar la Agenda 2030 desde la perspectiva estructuralista del desarrollo y desde el punto de vista de los países de América Latina y el Caribe.

La propuesta cepalina se rige por el cambio estructural progresivo y sustentable: un proceso de transformación hacia actividades y procesos productivos que 1) sean intensivos en aprendizaje e innovación, 2) estén asociados a mercados y a la provisión de bienes y servicios en rápida expansión, que permitan aumentar la producción y el empleo, y 3) favorezcan la protección del medio ambiente y el desacople entre del crecimiento económico con las emisiones de carbono.

Para lograr ese cambio se requiere un nuevo conjunto de instituciones y coaliciones políticas que las promuevan a nivel global, regional, nacional y local.

Así mismo, la integración regional debe ser potenciada, pues configura el espacio más natural para la creación de encadenamientos productivos, aprovechando la proximidad geográfica y la complementariedad entre las economías nacionales. Es esencial fortalecer la red de seguridad financiera regional, coordinar las políticas fiscales y de atracción de inversión extranjera directa, avanzar en la creación de un mercado único digital, y articular un fondo de resiliencia para los países del Caribe.

Es momento de dar un gran impulso ambiental en América Latina y el Caribe, es decir, generar un paquete integrado de inversiones públicas y privadas coordinadas en distintas áreas para redefinir los patrones energéticos, de producción y consumo, basados en el aprendizaje y la innovación. Esto demanda elevar la inversión en infraestructura, energía e innovaciones tecnológicas para detener el deterioro ambiental.

Ha emergido una ambiciosa y urgente agenda con el crecimiento, la sostenibilidad y la igualdad en el centro. Frente a ella latinoamericanos y caribeños debemos ser protagonistas de nuestro desarrollo, desde nuestra propia realidad.