Mauricio Pozo Crespo

¿Dónde está la plata?

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Utilizando la expresión de años atrás de un ilustre abogado guayaquileño, luego de ocho años de la mayor abundancia de recursos de toda la historia ecuatoriana habría que preguntarse, ¿está en las carreteras, educación y salud tanto dinero recibido por el Gobierno?

Desde la adopción de la dolarización el 2000, la actual administración ha concentrado aproximadamente el 80% de los ingresos fiscales y un porcentaje similar del total de las exportaciones de estos 15 años del régimen cambiario.

Solo hasta el 2013 el país recibió USD 104 000 millones por exportaciones petroleras, siendo el Estado, y el gobierno en particular, el que receptó tal cantidad de fondos.

Es, por lo tanto, absolutamente obvio preguntarse si los USD 220 000 millones de ingresos fiscales recibidos entre el 2000 y el 2014, ¿no permitieron ahorrar nada para hacer frente a la actual coyuntura de baja de los precios del petróleo? Inadmisible decir que no hay plata para defendernos ahora que el viento sopla en contra.

Estas cifras son más reveladoras cuando las comparamos con el comportamiento de la deuda pública en estos ocho años de la ‘revolución ciudadana’, pues a pesar que la suerte del alto precio internacional del crudo jugó a favor del Gobierno, tal ventura nunca fue suficiente para la voracidad de gasto del régimen.

El 2009, luego de esa vergonzosa operación de recompra de deuda, la relación deuda/PIB llegó al 16%, 5 años después, el mismo coeficiente supera el 33% del PIB si incluimos principalmente el endeudamiento chino de ventas anticipadas de petróleo y la operación del swap de oro, transacciones que el Gobierno no considera como deuda externa.

Es decir, no solamente que la deuda pública interna y externa pasó de aproximadamente USD 10 000 millones el 2009 a alrededor de USD 26 000 millones el 2014, sino que en términos del tamaño de la economía de cada año la misma se duplicó.

En resumen, el Gobierno tuvo ingresos extraordinarios gigantescos pero ni siquiera eso le satisfizo, pues recurrió al endeudamiento agresivo y, tal como se ve el panorama, esto va a seguir y a mayor ritmo. Se ridiculizaron las opiniones sobre la necesidad de ahorrar en épocas de abundancia para usar esos recursos para cuando la coyuntura se torne adversa.

Se dijo que son conceptos equivocados, alineados con la larga noche neoliberal, indicando que la mejor forma de ahorrar es hacer obra pública. Verdad que parte del patrimonio del país es la obra pública, pero esta se la pudo hacer sin que el Estado lo financie o se endeude para ello. Ahora, ¿van a vender las carreteras para cubrir la baja del precio del petróleo?

Observando los presupuestos de los últimos años se colige que el grueso del gasto público es el gasto corriente y los subsidios, mientras que el gasto de inversión es solo 1/3 del total. Más endeudados, sin ahorros y creciendo ­menos, ¿es eso un buen manejo económico? ¿Van a decir lo contrario?