Alfredo Negrete

Agatha en Ecuador

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La célebre escritora de la novela policial Agatha Christie y su extraordinario detective Hércules Poirot se han dado una vuelta por Ecuador y han creado una obra de la saga del asesinato de Roger Ackroyd o el asesinato en el Oriente Express que fueron devoradas por generaciones de lectores. El caso de Eduardo Mangas y la suerte del vicepresidente del Ecuador parece también ser la trama de un nuevo episodio detectivesco del mismo género.

¿Cuál fue la causa o motivo del exsecretario de la Presidencia para hacer graves declaraciones “privadas o reservadas” y después desmentirse afirmando que fueron descontextualizadas de su contenido? No se ha aclarado en qué parte salió del contexto o, ¿acaso estaba hablando del campeonato nacional del fútbol y lo metieron en la arena de la política?

Al parecer el personaje culminó su paso fugaz por la escena política del país y develó algunos secretos, entre otros, una especie de asociación política inmoral entre el exmandatario y el actual, incluidas posibles maniobras para un fraude electoral. Todo estaba fríamente calculado según el infidente chismoso -no desmentido y eso es grave-, pero la tramoya se vino abajo cuando se presentó en el continente Odebrecht.

Con estos antecedentes es imposible descartar que sus explicaciones expresadas y desmentidas sean una clave histórica para entender el submundo de la Revolución Ciudadana. Una cosa es comprobar que existió la intención de un fraude electoral tanto en la primera como en la segunda vuelta y por ende concluir sobre el daño al candidato Guillermo Lasso; pero otra, es olvidar que en la otra parte de las revelaciones “secretas” consta que la propuesta, insistencia, imposición y finalmente aceptación del candidato a la Vicepresidencia fue causada directamente por el ex primer mandatario. Ni el partido ni el pueblo. ¿Qué se pretendía?, ¿controlar el poder y defender la gestión que concluía?

De comprobarse que la intención es la contenida en la segunda parte de la pregunta se trataría de un seguro político personal que solo podía proporcionarlo el vicepresidente electo y primera opción a la sucesión presidencial. Todo perfectamente calculado, salvo el imponderable que significaron las delaciones brasileñas sobre los “peajes” de la contratación pública.

Por eso es posible concluir que Mangas cumplió, hirió gravemente a Correa y el Maquiavelo Moreno sigue adelante. Mientras tanto, el juego regresa –después de la sentencia de primera instancia- al terreno del Vicepresidente, quien podrá ubicarse en el resbaladizo campo de la delación para negociar un futuro mejor en caso de ser condenado en firme; o, como reza el rito matrimonial católico: “si alguien tiene algo que decir que lo diga; caso contrario que calle para siempre”.

anegrete@elcomercio.org