4 de June de 2010 00:00

Abuso

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
María Cárdenas R.

Una mujer admite, aunque lo haga muchos años después, que ha sido abusada, sin especificar el tipo de maltrato, no importa su estrato social, preferencias religiosas, políticas o su raza; las personas que la escuchen, sentirán lo que llamamos verguenza ajena. Incómodos, no la miran a los ojos; incrédulos, se sorprenden, dudan de la veracidad, se miran entre ellos, sean hombres o mujeres y simplemente cambian de tema. El abuso, sea físico, emocional o psicológico, vive entre nosotros, acaba con las vidas de cientos de mujeres y niñas, sin descartar algunos casos de abuso masculino. Basta de ceguera y sordera, que no gane el quemeimportismo o todos seremos responsables.

La dolorosa realidad, más grande de lo que podemos imaginar, tan cercana que no la queremos admitir y tan dañina que mata el espíritu de quienes la sufren, continúa viva. La sociedad acepta al abusador, pues es más fácil por el machismo en el que vivimos, culpar a la mujer. He llegado a escuchar la afirmación: “Ella tiene la culpa”. Esto no es verdad; quienes sufrimos maltrato o abuso no lo causamos, aunque sí lo permitimos. Los hombres que confunden el amor de padres, hermanos o maridos con el poder, se sienten todopoderosos y creen que pueden o, incluso deben, controlar a las féminas que, desde su parcial y minúsculo punto de vista, son menos que ellos. El dolor, sea físico y con cicatrices visibles o emocional y psicológico sin señales a la vista y aun más complicado de entender, atemoriza a la mujer y la paraliza.

El estado de parálisis en el que se sumerge, sin importar su edad, grado de cultura o educación, la transforman en el blanco perfecto para estos superegos que no conocen la palabra respeto y cuyo mundo inmediato grita machismo. Ella lo permite, él abusa y lo hace sin piedad.

La persona maltratada pierde su autoestima, se desconoce ante el espejo, se convierte en una muerta en vida. Recuperar su autoestima y reconocerse es un trabajo interminable, doloroso e incomprendido. Deberá hablar, aceptar su vivencia. Toda relación, sea personal o profesional, estará condicionada por el temor y la desconfianza, frente a una comunidad sorda y ciega.

La responsabilidad es grande. Abramos el espacio para que el grito de ayuda se produzca, que sienta protección y las heridas puedan cerrar. Como padres, no eduquemos machistas que, inseguros, descarguen su ira contra quien les es más cercano.

El Gobierno comenzó una campaña que debemos apoyar, esta abre las puertas a una solución a futuro y proclama que el machismo es violencia. Recordemos, la mujer es la madre de nuestro futuro. ¿Qué podemos esperar si en el presente no se inculca respeto hacia ella? ¡Ecuador, despierta!

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)