En el balneario de El Tingo, la piscina con agua de origen volcánico es también usada para fines terapéuticos. Quienes buscan sus aguas madrugan para ‘ganar’ puesto. Foto: Vicente Costales
En el balneario de El Tingo, la piscina con agua de origen volcánico es también usada para fines terapéuticos. Quienes buscan sus aguas madrugan para ‘ganar’ puesto. Foto: Vicente Costales
En La Merced las piscinas tienen espacios para niños. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO
En La Merced las piscinas tienen espacios para niños. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO
En La Moya, hay piscinas largas para ejercicios y competencias. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO
En La Moya, hay piscinas largas para ejercicios y competencias. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO
Los toboganes en El Tingo son supervisados para evitar accidentes. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO
Los toboganes en El Tingo son supervisados para evitar accidentes. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO
En Cununyacu los clavadistas pueden lanzarse de tres alturas. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO
En Cununyacu los clavadistas pueden lanzarse de tres alturas. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO
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Un sobrevuelo a los balnearios de Quito

00:00 - domingo 21/08/2016
Son las 09:00 del viernes 12 de agosto del 2016, día de feriado en Ecuador. Un bus interparroquial se detiene en la vía Intervalles, frente a Cununyacu. Se bajan casi todos los ocupantes; llevan en sus manos canastas, boyas y toallas. El descenso hasta el balneario es casi una carrera.
Ese día la entrada es gratuita, informan los guardias del lugar, y la alegría de los bañistas aumenta. Diego Estrella es uno de ellos. Asistió con su madre, esposa e hijos ; antes de culminar las gradas, apurado, se quitó la camiseta y su madre, un tanto molesta, le dijo que las piscinas no se van a ningún lado.
Desde el aire no se distingue a niños de adultos entre los bañistas de Cununyacu. Pasa lo mismo en El Tingo, La Moya o La Merced, los más solicitados balnearios municipales del Distrito. Hay personas que se reúnen para conversar. Otras fungen de profesores de natación. Y no falta el incómodo que salpica a todos y el valeroso clavadista que busca impresionar. Fotos y texto: Vicente Costales  (I)