8 de enero de 2017 00:00

Salasaka recupera sus juegos ancestrales

Manuel Caizabanda (izq.), alcalde de Pelileo, participa en el juego de la rueda. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

Manuel Caizabanda (izq.), alcalde de Pelileo, participa en el juego de la rueda. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

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Fabián Maisanche
Redactor (F - Contenido Intercultural)
fmaisanche@elcomercio.com

La segunda edición de los juegos ancestrales se desarrolló en la plaza Llikakama del pueblo Salasaka, ubicada en el cantón Pelileo, en Tungurahua.

La actividad recreativa fue parte de las fiestas del Kapak Raymi o fiesta del florecimiento celebrado el pasado viernes 23 de diciembre. Los organizadores ubicaron el concurso de la molida de la cebada en piedra, la elaboración de la soga con hilos de cabuya y el juego de la rueda o mishana.

En las actividades participaron investigadores y alumnos de la Universidad Técnica de Ambato (UTA), funcionarios públicos y vecinos de las 12 comunidades. Martha Chango, concejala del Municipio de Pelileo, explicó que gran parte de los pobladores mantienen la costumbre de moler la cebada en piedra a pesar del uso de los molinos eléctricos.

La dirigente indígena comentó que en esta actividad se entregó trofeos a las personas que molieron de manera fina y rápida la cebada. El concurso se realizó en una mama piedra, que pesa 50 libras. Estos guijarros tienen más de 150 años y son trasladados de generación en generación.

Rosario Mazaquiza, de la comunidad Llikakama, enseña la técnica de moler en piedra. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

Rosario Mazaquiza, de la comunidad Llikakama, enseña la técnica de moler en piedra. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.


Chango indicó que antes de iniciar el concurso los granos de cebada fueron tostados en un tiesto. Los organizadores cocieron a fuego lento, en un fogón que funciona con leña, los granos y los removieron con la mama cuchara de madera para evitar que se quemen.

Demoraron 15 minutos en preparar los granos. El concurso consistió en aplastarlos con una piedra plana a la que llama wuawua piedra a los granos. La desplaza de arriba hacia abajo y poco a poco cae el polvo en una batea confeccionada en madera de capulí.

“El trabajo de moler no es nada fácil porque se debe permanecer arrodillado todo el tiempo y tener fuerza en los brazos para empujar la piedra. Los ganadores lograron obtener en 10 minutos una media libra de cebada molida y de buena calidad”, indicó Chango.

El segundo concurso consistió en la elaboración de la soga con hilos de cabuya. Los gritos de apoyo a los concursantes puso el toque de emoción a la actividad ancestral.

La esmeraldeña Yadira Illescas fue la ganadora al lograr una fina y dura soga. Los organizadores colocaron las fibras en una mesa de madera. Las concursantes que eran indígenas, mestizas y afroecuatorianas se encargaron de entrelazar entre las manos la cabuya hasta formar una soga consistente.

Las tiras de la cabuya se consiguieron luego de haberles lavado y golpeado contra las piedras de los ríos durante ocho días. Luego de este tiempo de trabajo la fibra de la cabuya es apta para el trabajo manual y confeccionar las plantillas de las alpargatas, shigras o bolsos de colores, sogas, trapiches para cargar los pondos de cerámica y las travillas que son una especie de mosquetón con las que se sujetan las cargas de hierba u otro material en el lomo de los animales.

Illescas aprendió hacer las trenzas en los juegos con sus hermanas y amigas. “No hubo mucha diferencia al realizar esta actividad. Es emocionante que se continúe recuperando estas actividades en cada uno de los pueblos”, indicó Illescas.

Mientras el concurso de la rueda o mishana tuvo como ganador a Jorge Caizabanda. El director del departamento de Desarrollo Social del Municipio de Pelilo logró imponerse al alcalde de la ciudad, Manuel Caizabanda.

En un reñido concurso lograron correr en tres minutos los 200 metros en un extremo de la plaza artesanal de Llikakama. El burgomaestre Caizabanda indicó que este juego aún se continúa practicando con los niños de las comunidades. Este consiste en empujar una rueda de llanta de auto con un carrizo.

“A pesar de la influencia de las redes sociales o los juegos electrónicos estas actividades siguen en la comunidad. Más que ganar el propósito fue compartir y recuperar los juegos con los asistentes”, aseguró Caizabanda.

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