25 de julio de 2014 15:20

La península ofrece diversión y descanso

Estas embarcaciones conducen a los turistas a ver aves y delfines desde puerto El Morro.
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Telmo Arévalo Cuesta, redactor invitado

Hola nuevamente, amigos viajeros. La ventaja de utilizar nuestros propios vehículos para pasear y disfrutar de los viajes es que nos dan total libertad para conocer lo que queramos, parar donde se nos antoje, regresar el mismo día, si así lo decidimos, o quedarnos a dormir y descansar donde estimemos conveniente.

Digo esto porque nuestro objetivo principal era llegar a la isla Puná, conocerla y regresar, pero por sugerencia de varias personas en Playas decidimos pasar antes por puerto El Morro. Eran unos pocos kilómetros de desvío de la ruta prevista y realmente fue fantástico lo que conocimos y disfrutamos.

En el relato anterior les conté hasta cuando contratamos el tour. Este, dicen los oferentes, dura alrededor de hora y media. El nuestro, sin embargo, duró cerca de dos horas y media y no costó más. Pienso que ello dependió de la buena voluntad del lanchero.

Antes de subir a la embarcación nos hicieron colocar chalecos salvavidas. Luego, acoderado junto a un bonito muelle y puerto, nos esperaba nuestro bote con una cubierta de toldo rojo para protegernos del fuerte sol. Empezamos a movernos poco a poco por unas aguas tranquilas que fluyen en medio de manglares nativos. El conductor nos daba explicaciones de todo lo que veíamos y veríamos.

Más adelante, nos cruzamos con otros botes que cumplían las mismas funciones. Al mismo tiempo, todos llegamos al sitio donde saltan y resoplan unos hermosos y coquetos delfines ‘nariz de botella’.

La experiencia fue fabulosa. Es espectacular sentir el contacto directo con la naturaleza en su prístino ambiente, y conocer de cerca a estos dulces mamíferos marinos que habíamos visto en la televisión, en series como ‘Flipper’.

“Mira mami, ahí asoman otra vez los delfines, ¡qué lindo!”, decía muy entusiasmada y con una hermosa sonrisa dibujada en el rostro, una joven turista a su progenitora, mientras disfrutaba del paseo.

Luego, como parte del recorrido, también nos llevaron a rodear unos árboles de mangle donde reposan, anidan y se reproducen las garzas rosadas, que llaman la atención por su largo pico que termina en una punta ancha y redonda.

También conocimos a los cormoranes, pelícanos y gaviotas, todos estos revoloteando alrededor de los barcos pesqueros.

Una vez terminado el tour, regresamos al puerto, agradecimos por la atención recibida y nos despedimos con la ilusión de volver pronto.

Después tomamos la ruta que conduce a Posorja y nos trasladamos a esa población.

Ahí tuvimos que dejar nuestro carrito, para lo cual existían varias opciones de parqueaderos vigilados donde cuidan vehículos por unas pocas monedas.

Ya en el embarcadero, muchas pequeñas lanchas de fibra de vidrio con motor fuera de borda ofrecen sus servicios para llevar a los turistas hasta la atractiva isla que desde ahí se ve muy cercana.

El costo del traslado convencional es de USD 2 por cada pasajero adulto de ida y otros USD 2 de regreso. Los niños no pagan. Si se desea hacer algún tour privado es necesario negociar el precio con el dueño de la embarcación.

Cuando el bote en movimiento empieza a separarnos de Posorja, resulta muy simpático ver cómo el continente se va alejando. Nos vamos introduciendo en un mar verde, bastante tranquilo y casi sin olas.

El trayecto hasta Puná transcurre rodeando unos islotes donde reposan cientos de pelícanos que toman sol. Un poco después arribamos a la isla. Dependiendo de la marea, si está alta o baja, el bote nos deja en un pequeño muelle interno o en la playa.

Ahí, algunas chocitas de caña guadúa con techo de hojas de palma entrelazadas son restaurantes y cabañas al servicio del visitante. Podemos saciar nuestro apetito con una variedad de platos elaborados con mariscos, extremadamente frescos y muy sabrosos.

Si lo desea y mientras se baña en las tranquilas aguas del mar, puede encargar sus pertenencias en un lugar donde hay muchas hamacas dispuestas en círculo o utilizar estas para descansar bajo una confortable sombra. Allí las horas transcurren lentas y uno apenas puede percibirlo.

A través de un moderno puente de tubos blancos y madera tratada, recién construido, podemos llegar hasta la comuna Bellavista, que es el poblado principal de ese lado de la isla. Ahí también encontramos otras opciones de comida que incluyen gallina criolla y res.

Si deseamos quedarnos a pasar la noche en la isla, se nos ofrece la opción de acomodarnos en unas cabañas con camas literas, carpas armadas en el exterior, y hasta hamacas extendidas al aire libre pero bajo techo, para reposar a gusto. Todo es muy limpio y cuenta con todos los servicios básicos.

Si nos queda tiempo, diversos vehículos ofrecen paseos hacia la parte interna de la isla, para conocer otros ambientes y poblados.

Es fantástico darse cuenta de que no nos encontramos en el continente, sino en un espacio de tierra cercano que está rodeado de agua de mar por todos lados. Disfrútenlo al máximo. Hasta la próxima.

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