8 de mayo de 2016 01:33

Sus hijos y el deporte son sus grandes amores

Marcia Espinoza, con su hijo Martín Espinoza, en la cancha sintética adyacente al Coliseo Mayor de Cuenca. Foto: Manuel Quizhpe / EL COMERCIO

Marcia Espinoza, con su hijo Martín Espinoza, en la cancha sintética adyacente al Coliseo Mayor de Cuenca. Foto: Manuel Quizhpe / EL COMERCIO

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Manuel Quizhpe

La futbolista Yomayra Govea y la basquetbolista Marcia Espinoza visitan hoy los cantones azuayos Paute y Gualaceo. Con sus hijos, sus padres y hermanos, saborearán las deliciosas carnes asadas, los platos típicos de la zona y así festejarán el Día de la Madre.

Govea, de 29 años, milita en Carneras UPS de Cuenca, equipo que este año se estrenará en la Serie A del fútbol nacional femenino. Es hija de Iván Govea, exfutbolista profesional, y hermana de Juan Govea, quien juega en el Atlético Tucumán de Argentina. Antes defendió al Deportivo Cuenca, El Nacional, Monarcas Morelia de México, Mushuc Runa…

La influencia de su padre fue determinante para que incursionara en el fútbol. Por el nacimiento de su hija Paulette Luna, quien ahora tiene cuatro años, dejó de jugar dos temporadas. Ella destaca el apoyo familiar para mantenerse entrenando y compitiendo.

En su criterio, ser madre es sacrificado, pero gratificante al mismo tiempo porque se tiene un motivo para luchar. Ella se entrena de lunes a viernes de 20:00 a 22:00, en la cancha de la Universidad Politécnica Salesiana (UPS). A veces, cuando retorna al hogar, Paulette la espera despierta, pero en otras ocasiones ya está dormida.

‘Yomi’, como la llaman sus compañeras, insiste que sus padres ayudan a cuidar a su hija para que pueda entrenarse sin preocupaciones. Recuerda que necesitó mucho tiempo para recuperarse luego del parto mediante cesárea. “Me costó recuperar mi potencial físico y la movilidad, pero lo logré a través de los entrenamientos y del gimnasio”.

En el equipo Carneras hay otras madres de familia, quienes en ocasiones llegan a entrenar en compañía de sus hijos. “Las madres deportistas no debemos abandonar lo que nos gusta, porque con esfuerzo todo se puede”. Su función en la cancha es de volante.

Espinoza, de 33 años, se fracturó el peroné. Mientras se recupera de la lesión trabaja como entrenadora de baloncesto de la Federación Deportiva del Azuay. Tiene cerca de 120 alumnos de entre 6 y 15 años. En ocasiones llega acompañada de su hijo, Martín Espinoza, de tres años y medio.

La exintegrante de los equipos quiteños UDLA, UTE y Mavort se emociona al referirse a su hijo. “Él es la mayor bendición que Dios me ha dado, ser madre es una experiencia única”. Ella también cuenta con el apoyo de sus padres y hermanas para el cuidado de Martín Alejandro.

Espinoza, exseleccionada nacional e integrante de Azuay, confiesa que fue difícil asimilar que estaba embarazada. Luego consideró que “Dios me tenía preparado algo importante, que se venía un angelito y tenía que cuidarlo”. Ahora cada día se esfuerza por darle lo mejor a su hijo.

En una cancha sintética adyacente al Coliseo Mayor Jefferson Pérez de Cuenca trabaja con niños y adolescentes. Lo hace de 08:00 a 12:30 y de 15:00 a 18:30. Se dirige al hogar, merienda, juega con su hijo y lo atiende hasta que se duerma.

Pero, allí no termina su jornada. Ella se impuso un horario de 21:00 a 23:30 para estudiar la carrera de Psicología, a distancia, en la Universidad Técnica de Loja.

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