21 de mayo de 2017 00:00

El futbolista sin empleo sigue activo para volver a la cancha

Isaac Mina, defensa esmeraldeño de 36 años, jugó el año pasado en Aucas. Geovanny Caicedo, esmeraldeño de 36 años, estuvo en River Ecuador en el 2016. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Isaac Mina, defensa esmeraldeño de 36 años, jugó el año pasado en Aucas. Geovanny Caicedo, esmeraldeño de 36 años, estuvo en River Ecuador en el 2016. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Álex Puruncajas

Geovanny Caicedo se entrena en el complejo del Deportivo Quito con una camiseta del Atlético Nacional, club en el que jamás jugó. Sí estuvo en Barcelona, Liga, Emelec y El Nacional, los cuatro grandes del fútbol ecuatoriano. Algunos de los futbolistas de entre 18 y 23 años de la ‘AKD’, desconocen que el esmeraldeño también pasó por la Selección.

Es diferente ahora: está sin equipo desde enero. La ‘Cuchara’ cumplió 36 años el 28 de marzo, pero aún no ve el retiro. Por ello, se ejercita con los juveniles, más rápidos que él para llegar a un balón, pero sin su experiencia. Dice que su cuerpo le exige realizar actividad. “Si eso no ocurriera le juro que me quedaría en la casa. Pero a veces me entreno dos horas y el cuerpo me pide más”.

Su teléfono ya no suena como cuando le buscaban para contratarlo. Pero dice que tampoco se “le acaba el mundo” si no lo llaman. En 14 años como profesional, ahorró. Alquila departamentos y tiene una finca en Esmeraldas que produce palma africana.

De ahí, obtiene recursos para sostener a sus hijos Yorkaeff (11 años), Kari (8), Darle (3) y Dayani (6). Eso sí, extraña los cánticos de los aficionados en los estadios. En Carcelén le acompañan Isaac Mina, de 36 años; y Pedro Esterilla, de 33. Son jugadores sin club cuando ya van cinco meses del año. También, hay jóvenes sin equipos como Hugo Rivas, de 19 años. Hay otros como Andrés la ‘Belleza’ Mendoza y Álex Colón, que se ejercitan por su cuenta.

La Asociación de Futbolistas del Ecuador (AFE) no tiene un registro de los futbolistas sin equipo. Pero hay pistas: 30 se entrenan en una cancha de Durán, Guayas. Aguardan su retorno al balompié profesional. La ‘Vecinita’ Mina está tranquilo. Hasta el año pasado jugó en Aucas. En el cuadro azulgrana, trota, hace abdominales y cumple las disposiciones tácticas con el mismo ímpetu de los juveniles. “Hay que darle duro”, dice y sugiere a la ‘Cuchara’ que trote con los demás porque “eso le sirve mucho”.

Juntos ganaron el título nacional 2009, con los azulgranas. El guayaquileño Rivas practica junto a ellos con entusiasmo. Espera que el técnico Renato Salas lo tome en cuenta para unirse a la ‘AKD’. Los primeros meses del año estuvo en un club de la Segunda del Guayas. En años anteriores pasó por la Reserva del Mushuc Runa y en la selección de Los Ríos. Se vino a Quito por sugerencia de amigos, que ya se unieron al cuadro chulla y espera que lo fichen pronto porque ya se le acabó el dinero. Vive en casa de su amigo William Mina, pero siente que le falta para sus necesidades básicas.

“Mi reto es jugar. Me voy a mantener firme hasta lograrlo”, asegura el defensa. Un gimnasio, al norte de Quito, en cambio, es el refugio de Álex Colón, de 30 años. El ‘10’ que pasó por el Quito, el Pachuca y Barcelona estuvo a punto de unirse al Clan Juvenil hace un mes, pero el club lo descartó, pese a que él se presentó a un entrenamiento. “No les guardo resentimientos, pero deberían manejarse como un club de la Serie A”, dice el quiteño tras ejercitarse con las pesas.

El ‘10’ va todas las mañanas al ‘gym’. Se queda ahí una hora y media. Luego, va a su casa y se aplica hielo. En la tarde se prepara en la Casa de la Selección con el técnico Marco Zapata, quien le hace cumplir ejercicios de un plantel profesional. “Pueden tomarme una prueba física en cualquier momento, porque en la parte táctica ya saben cómo juego”, dice el volante que estuvo en el fútbol mexicano tres años.

Pasó por el Pachuca entre el 2013 y 2014. Luego, fue al Zacatecas, en el 2015. No se arrepiente, aunque reconoce que no aprovechó del todo su permanencia en México. Asegura que no está desesperado aunque su hijo Matías, de 5 años, le dice que quiere verlo celebrar un gol. Él, al igual que los futbolistas desempleados, esperan una llamada. “Solo es cuestión de sentarse y arreglar. Mucha gente dice que soy caro, pero no es así”, aclara Colón.

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