1 de December de 2013 18:22

La vuelta por la estrella 11, sobre cuatro ruedas

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A menos de 20 kilómetros, y sobre cuatro ruedas, una caravana azul alborotó la tarde -casi siempre tranquila de los domingos- del centro de Guayaquil. El estruendo de las bocinas retumbó en las avenidas Malecón y 9 de Octubre este 1 de diciembre, luego de que Emelec se llevará el campeonato con un empate a cero ante el Manta, en Portoviejo.

Eduardo Hernández salió con su familia en su auto Hyundai y no paró de sonar su claxon. “11 años sin ser campeones. Esto hay que celebrarlo”.

A través del parabrisas vio a sus hermanos de camiseta bajar de sus vehículos para tomarse fotos en plena vía, sacando pecho por el Bombillo. Fernando Mateo dejó el volante de su Chevrolet y se bajó para gritar por el campeón. “Aquí el festejo es hasta mañana. Ya tengo quien me tomará la posta más tarde, cuando ya no pueda manejar”, y señaló al copiloto, un muchacho sobrio.

Después del pitazo final en el estadio Reales Tamarindos, la hinchada eléctrica no tuvo mesura para celebrar. Niños o adultos se despabilaban emocionados por las ventanillas de los carros. Otros brincaban sobre los baldes de camionetas o dentro de furgonetas.

Hasta los taxis amarillos, sin importar el color, se unieron a la fila. También hubo quienes rodaban sobre dos ruedas, en motos, hasta en bicicletas. O sobre más, dentro de la Metrovía. El punto de encuentro para los fanáticos azules es la avenida Víctor Emilio Estrada de Urdesa, en el norte de la ciudad.   

Miguel García se despojó de su camiseta azul para agitarla en mano por fuera de la ventana de su Toyota. Con la otra controlaba al volante para cruzar la calle Pedro Carbo. “Ya era hora. Nos tocaba la copa”, dijo antes de que el semáforo cambie a verde.

Decenas de carros, de todo tipo, se unieron a esta peculiar vuelta olímpica por Guayaquil, para aclamar al Ballet Azul por su estrella 11 hasta noche, cuando se espera el arribo de los campeones. A Angelo Soto no le importó salir con su esposa y su hija en el camión que conduce para su trabajo diario. “Lo importante es disfrutar este triunfo en las calles”.

Pero Fernando León no tuvo otra opción que festejar a pie. Justo frente al Hemiciclo de La Rotonda se detuvo para ver el paso de esta caravana triunfal. No logró contener la euforia, así que esperó la luz roja del semáforo y se lanzó sobre el capot de una camioneta que rodaba por la 9 de Octubre. Abrió los brazos, los elevó al cielo y dejó ver la leyenda en su camiseta: ‘La gloria es de Cristo’. “Yo soy de la iglesia Sembradores de Vida. Ahí van los muchachos del equipo: Achilier, Jiménez, Bagüí… Este triunfo es de Emelec, pero la gloria es de Cristo”. 

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