18 de marzo de 2018 20:46

Familiares y amigos despidieron a la basquetbolista Vanessa Ochoa en la Concentración Deportiva de Pichincha

Vanessa Ochoa falleció a los 17 años, debido a un accidente entre una lancha y la moto acuática en la que paseaba junto a su hermana Daniela, de 15. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Vanessa Ochoa falleció a los 17 años, debido a un accidente entre una lancha y la moto acuática en la que paseaba junto a su hermana Daniela, de 15. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal
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La bandera del Ecuador cubría el féretro de Vanessa Ochoa y las del colegio Andino y de Pichincha lo escoltaban. Un arreglo floral del equipo San Pedro de Taboada también se veía en el centro del teatro Quitumbe, de la Concentración Deportiva de Pichincha. A sus pies se podía ver una foto de la basquetbolista. Sonriente y con su larga cabellera cubriendo su hombro izquierdo, aparece sentada en unos graderíos de un coliseo y con una pelota del deporte que amaba entre sus pies.

La deportista que fue seleccionada nacional desde la sub 14, falleció a los 17 años, debido a un accidente entre una lancha y la moto acuática en la que paseaba junto a su hermana Daniela, de 15. Ocurrió en la playa de Chipipe, en Salinas, el 16 de marzo del 2018. Sus padres la trasladaron a Quito el sábado para finalmente sepultar sus restos en el valle De los Chillos.

El viaje a Salinas se realizó por pedido de Vanessa. Era difícil empatar los días libres entre el trabajo del padre, el oficial de las Fuerzas Armadas Nivardo Ochoa, que actualmente tiene el pase en Atuntaqui, y los microciclos de los chicos que no les dejaban libres prácticamente ningún fin de semana.

Esta vez, lograron cuadrarlo todo y viajaron el jueves en la noche para visitar a unos amigos de la familia en Salinas. La tarde del viernes, Vanessa estaba tomándose fotografías con Daniela y ambas dejaron la cámara para pedir que las dejaran pasear en moto acuática.

Su padre afirma que cuando las vio irse tuvo un presentimiento. Las imaginó chocando la moto y su miedo se volvió realidad un rato después. Él miraba el reloj y se angustiaba porque había pasado mucho más de la media hora prevista para el paseo. Entonces, el dueño de la moto acuática le contó que una lancha las había "atropellado". Cuando llegó al hospital solo supo que su hija mayor había muerto y la menor, estaba herida.

Interpuso una denuncia, pero afirma que no interferirá en las investigaciones. El oficial Ochoa dice que no está resentido ni tiene rencor por nadie. Solo quiere que se siente un precedente para que no haya más accidentes de este tipo en el futuro. "Yo no quiero involucrarme. Tengo suficiente con lo de mi hija".

Su madre, primera entrenadora y tocaya, Vanessa Ochoa, también es basquetbolista. Cuenta que tuvo tías abuelas que jugaban básquet, pero fueron su hermana Magaly y ella quienes empezaron a brillar en ese deporte, como campeonas en varias ocasiones representando a su provincia, El Oro, décadas atrás. Nivardo Ochoa no practica mucho al básquet, salvo algún juego de "uno a uno" con sus hijos. Pero desde el colegio Montúfar hasta el Ejército, siempre fue parte de equipos de fútbol y de voley.

Ahora, la pareja quiere que todo el país sepa que su hija era "una grande del baloncesto y que tenía muchos sueños. Quería salir del país para seguir jugando, quería representarlo en ligas internacionales, emular a las chicas que juegan en el exterior y tenía todo el apoyo de su familia. Estaba proyectada, estaba ya en la preselección senior de Ecuador y todo se truncó y ahora está en una cajita", dice la madre.

Este domingo 18, sus restos fueron velados en las instalaciones de la Concentración Deportiva de Pichincha. Allí, tarde a tarde participaba en los entrenamientos del equipo Oro y Grana, que representa a la selección juvenil de Pichincha de baloncesto. Con este equipo jugó el último partido de su vida, la noche del jueves.

Según su mejor amiga Magerlly Cárdenas, Ochoa se fue molesta tras perder el partido. Chatearon hasta tarde; Cárdenas desde su casa y Ochoa en medio del viaje familiar hacia Salinas. La última vez que hablaron, fue a través de una videollamada mientras Cárdenas estaba con Valentina Bermeo en el colegio Andino y su amiga, en Salinas.

Las chicas sufren la partida de Ochoa, con quien celebraron el campeonado juvenil, el miércoles, luciendo el uniforme del colegio en el que se conocieron hace cuatro años. Con el equipo del Andino, Vanessa fue campeona desde 9° de básica, en las categorías menores y cadetes. Este grupo recuperó para este colegio el campeonato de la categoría juvenil, según la madre.

Para sus amigas del colegio será difícil ir a clases y encontrar el pupitre de su amiga vacío. Cárdenas y Ochoa salían a diario a primera hora desde Sangolquí rumbo al Andino, en la avenida Colón. Tras las clases, tenían entrenamiento en el colegio. Luego seguían con el básquet en la Concentración Deportiva de Pichincha (CDP) y al final de la tarde volvían juntas al valle.

Los padres de Vanessa cuentan que el básquet era el norte de su hija desde que a los 9 años empezó a jugar, en Salinas. Aunque tanto ella como sus hermanos Daniela (15) y Nivardo (13) nacieron en Quito, han recorrido el país como jugadores de diferentes equipos y debido a los cambios de ciudad que la familia debe hacer por los pases que debe cumplir el padre, por ser oficial del Ejército.

Aún siendo niña, Vanessa entró a la escuela de la liga cantonal de Méndez y participó en sus primeros juegos nacionales en representación de ese equipo de Morona Santiago. Dos de sus compañeras de ese equipo viajaron desde Méndez para asistir al velatorio en Quito.

Para los padres de la joven promesa del básquet eso prueba cómo su hija se ganaba el cariño de la gente. Tanto que la sala de velaciones a la que llegaron sus restos la noche del sábado se quedó corta. Por ello, su despedida se trasladó a primera hora del domingo a la que llaman ‘su segunda casa’ y el escenario en el que inspiraba a sus hermanos ‘Dani’ y Nivardito para lograr juntos grandes triunfos en el básquet.

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