25 de junio de 2014 18:46

La familia de Enner Valencia vivió su propio partido en casa

Casa de la familia de Enner Valencia.  Juan Guerrero, Miguel García, Ericka Valencia, Biera Valencia, Mauricio Coello y Bolivia Lastra. Foto: Joffre Flores / El Comercio

Casa de la familia de Enner Valencia. Juan Guerrero, Miguel García, Ericka Valencia, Biera Valencia, Mauricio Coello y Bolivia Lastra. Foto: Joffre Flores / El Comercio

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Redacción Guayaquil
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El partido Ecuador-Francia tuvo su cancha paralela en la sala de la casa de Enner Valencia Lastra, en una de las ciudadelas de la vía a Samborondón. El TV plasma ocupó el centro y, a su alrededor, sus familiares se alinearon en un sofá esponjado, todos con la piel amarilla de la Tri.

Doña Bolivia Lastra, madre de Enner; Éricka, su hermana; Beira, su hija de 2 años; Juan, su sobrino; Mauricio y Miguel, amigos del goleador.

Se concentraron desde temprano para apoyar al delantero estrella, aunque estar en este rincón es casi como tenerlo presente. Hay fotos y recuerdos por todas partes. Por la banda derecha están los trofeos y el botín que recibió en Emelec y la camiseta que usó cuando empezó a patear el balón en el Caribe Junior de Sucumbíos, donde de fue cuando tan solo tenía 14 años.

“Sí que le gustaba jugar, desde chiquito -cuenta doña Bolivia y sonríe-. Qué digo desde chiquito, desde que lo tenía en la barriga ya pateaba duro”.

La banda izquierda de esta sala no se queda atrás. Ahí está la camiseta del Pachuca mexicano, donde ahora milita; y la infaltable, la tricolor, teñida con las firmas de los seleccionados.
Los gritos de aliento y angustia comenzaron a fluir como plegarias. Antes del pitazo inicial habían encomendado el partido a la virgen de Guadalupe que resguarda una de las paredes. Hay otra virgen Morena en junto al pórtico. Enner la trajo de México, aunque su devoción ha sido desde siempre.

De vuelta al partido, “como que Ecuador ahora es a diesel”, bromeaba Mauricio Coello, la mano derecha se Enner. De este lado de la cancha todos coincidían en que los primeros minutos no fueron buenos para el equipo. Pero las cosas iban cambiando, reconocía Coello.

Él conoció a Valencia cuando acababa de llegar a Guayaquil. Vivían en un barrio cercano al estero Salado y Coello armó su equipo de fútbol. Enner fue su seleccionado y él vino a ser, algo así, como un Reinaldo Rueda. “Y no me equivoqué... en los interbarriales hizo algunos goles”, dice con ese toque de DT.

El primer tiempo no fue tan intenso como el segundo. Y a la espera de que el reloj vuelva a corren en el Maracaná de Río de Janeiro, la familia Valencia Lastra se preparaba con unos piqueos. Las cámaras de algunos medios que llegaron a la zona de juego no los incomodaron.

Y el balón volvió a rodar. Los nervios eran más fuertes, aunque la pequeña Beira, con su tierno barullo, ayudaba a aliviar la tensión. Apuntaba a la pantalla cada vez que miraba al 13 cabecear o correr hacia el arco rival. “¡Mira!, papá”, decía con inocencia.

El tiempo corría. La tarjeta roja para Antonio Valencia causó enojo. La corrida de Enner en el minuto 76:18 encendió la esperanza. La atajada del portero Alexander Domínguez en el minuto 83:40 -una de las tantas- hacía contener el aliento. Y la entrada de ‘Felipao’ a los 89:16 arrancó sonrisas, por ese nuevo estilo de cabello.

En los minutos finales, minutos de infarto, Beira se aburrió. Tanto que la niña, equipada con una blusa del Pachuca, pedía sus dibujos animados a gritos. Su abuela llegó a un consenso y lograron ver el partido hasta el final, a la espera de algún gol en los cuatro minutos adicionales. Pero no llegó.

Con el cierre del encuentro la familia guardó silencio. “Perdimos, pero lo muchachos dejaron todo en la cancha. Es un orgullo”, dijo con sabiduría doña Bolivia, que ahora espera ansiosa a nuevo nieto y también que la vida de su hijo dé un giro, con la posible contratación de club europeo.

Juan Guerrero, el sobrino de Valencia, no deja de soñar con los próximos mundiales. Y quien quita que él puede disputar uno. El muchacho de 16 años entrena en Emelec. “Juego de marcador derecho, como cuando mi tío comenzó a jugar fútbol”.

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