8 de marzo de 2017 11:47

Las esposas de los futbolistas también celebran su día

Romina Caligari (izq.), esposa de Horacio Salaberry y Giuli Cunha (der.), esposa de Hernán Barcos junto a sus parejas en el hogar del delantero de Liga de Quito

Romina Caligari (izq.), esposa de Horacio Salaberry y Giuli Cunha (der.), esposa de Hernán Barcos junto a sus parejas en el hogar del delantero de Liga de Quito. Foto: David Paredes/EL COMERCIO

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David Paredes
Redactor. (D)

Hace dos años, la vida de Giuli Cunha dio un salto radical. Desde que conoció a su novio Hernán Barcos, goleador de Liga de Quito, su mundo se agigantó. En apenas dos años de relación ha conocido cuatro países completamente distintos. De la noche a la mañana esta brasileña dejó su casa, su país y hasta el continente.

“Trato de apoyarlo en todo. Este mundo del fútbol está lleno de retos y de decisiones complejas. Lo más difícil es cuando hacemos mudanza, porque a veces me toca sola”, dice Cunha.

El ‘Pirata’ Barcos reconoce el esfuerzo que ha hecho su amada. Es ella quien se encargó del trabajo de mudanza cuando en 24 horas se produjo la transferencia del Tianjin Teda (China) al Sporting de Lisboa (Portugal).

Todo sucedió muy rápido. Con 12 maletas a cargo abandonaron Asia. “Nos entendemos bien. En estos años de relación hemos buscado darnos la mano en todo. Sobre todo con las cosas cotidianas”, dice el ‘Pirata’. Según Giuli, Hernán es ordenado. Recoge la ropa del piso, tiende la cama y ya no deja vasos sucios en la mesa. Le tocó cambiar algo de su rutina.

Horacio Salaberry, zaguero central de la ‘U’, reconoce que la llegada de Romina Caligari, su esposa, le cambió la vida. Apenas están casados dos meses, pero su relación es de vieja data.
‘Romi’ lo siguió desde Uruguay, hasta la gigante Bogotá. En la capital de Colombia sintió la soledad que se puede generar en el mundo del rey de los deportes.

“Me tocó tomar algunas decisiones sola. Recuerdo que se me dañó la heladera y Horacio estaba en una concentración. Se me empezaron a dañar los alimentos, pero lo resolví bien”, dice con orgullo Romina.

Ahora él goza de una confidente, de una amiga en momentos de lesiones y de estrés por los malos partidos. “He ido madurando con los años en el tema de las lesiones. Es más fácil recuperarse cuando estás con tu pareja. Ella es un apoyo constante. Está pendiente de todo. No me permite hacer locuras. Me pongo inquieto con este tema. Ella me pone paños fríos y me hace poner los pies sobre la tierra”, dice Salaberry.

Antes de conocer a Luis Fernando León, defensa central de Independiente del Valle, a Irene Posligua no le gustaba el fútbol. Se fue involucrando en el deporte en la medida en la
que avanzaba su relación amorosa con el zaguero oriundo de Los Ríos.

Ahora se ha convertido en su fan número uno. Es su psicóloga cuando no le va bien en un partido y hasta hace de masajista cuando hay lesiones musculares. Ella es la que toma las decisiones pesadas de la casa cuando León está concentrado o en los torneos internacionales. “Hay veces que me toca ser madre y padre a la vez. No es fácil ser esposa de un futbolista”, dice Irene.

En las reuniones familiares, León siempre tiene falta. Sus hijos Valentina y Fernandito son su compañía. Ya se acostumbró al ritmo de vida y hasta aprendió a amar este deporte. “Yo soy la primera que le exijo en la cancha. Ya lo tengo aleccionado. Le digo siempre que si le sacan una tarjeta amarilla que no reclame. Por más que grite y patalee no se la van a quitar”, dice Posligua.

Quien sí la pasa más relajada es Analía, esposa del mediocampista rayado Mario Rizotto. A ella, al igual que a Irene, también le toca tomar las decisiones fuertes de la casa. Pero se ha respaldado en su hermano, quien hace un año llegó a Sangolquí para acompañarla en casa. “Mario trata de pasar relajado. Yo me encargo de hacer las cosas de la casa”, dice Analía

 

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